EFECTIVO A TRAVÉS DE MÍ SER
Tratemos
de comprender juntos lo que sería un estado de creación, es decir, un estado en el
cual podríamos conocer lo que es.
No
lo que podría ser, no lo que debería ser ni algo a lo cual podríamos poner un
nombre..., sino, simplemente, lo que es.
¿Podemos
conocer un estado que no refuerce nuestro ego, el «yo»?
Porque
todo lo que lo refuerza nos lleva a la división, al aislamiento.
Incluso
las experiencias por las que pasamos.
Registramos
impresiones
y reaccionamos.
La
respuesta a algo que percibo es para mí la experiencia.
Nombro
esa reacción.
Si
no la nombro, no es una experiencia.
¿Le
es posible al yo recibir la impresión y no experimentar la experiencia?
¿Le
es posible estar completamente inmóvil en un estado de «no experiencia» donde
la creación pueda tener lugar, es decir, en ausencia del ego?
Al
tratar de hacer bien mi trabajo, de una manera eficaz, distingo dos clases de
sensaciones: una sensación con tensión y una sensación sin tensión.
En
una la energía es detenida y en la otra la energía es liberada.
Cuando
trabajo, me puedo ejercitar como de costumbre, hacerlo más o mejor, o bien
puedo intentar de una manera diferente y volverme efectivo a través de mi ser.
Cuando
no tengo experiencia, o conocimiento, hay una tensión entre el yo que desea algo y el objeto deseado, pues no me
siento capaz de alcanzarlo.
En
la tensión me separo y a toda costa quiero hacer reconocer mi identidad, pero
mi ego se
opone.
Esa
tensión me impide ejecutar de manera justa lo que tengo que hacer.
Es
eso lo que necesito ver.
Según
el grado de tensión en el que se realiza mi actividad puedo o no tomar conciencia de mi ser y
del objeto de mi acción.
Al
entregarme a una acción lo que busco es la efectividad de mi ser y no la perfección
del desempeño.
La
verdadera relación entre mi ser y el objeto depende de una actividad realizada sin la
participación de mi ego.
Ese
es un descubrimiento que tiene una gran importancia.
Una
tranquilidad absoluta permite sentir una unidad, y si uno persevera, eso no es
destruido ni siquiera por la agitación de mi ego cuando se esfuerza por obtener algo.
Debo
llegar al punto donde ya no hay tensión, donde ya no hay el yo y el objeto.
Es
necesario que mi ego deje de querer hacer reconocer su identidad.
No
puedo conocer la inmovilidad total, un estado sin ego, por imposición..., por miedo o
por obtener una recompensa.
Llego
a esa inmovilidad
total por el conocimiento del proceso de funcionamiento del yo en todos los
niveles, desde sus movimientos automáticos hasta su inteligencia profunda.
Uno
ve que la mente no tiene el poder de crear cuando da vueltas dentro de la jaula que se fabrica
ni tampoco cuando está totalmente inmóvil.
Cuando
no trata de crear, hay creación.
Pero
eso no es algo que podamos proyectar de antemano.
Ninguna creencia, ningún
conocimiento, ninguna experiencia puede servir.
Todo
eso debe desaparecer, ser abandonado.
Es
importante ser pobre, pobre de conocimiento, pobre de creencias.
Pobre
de todo lo que
pertenece al campo del ego.
Pero
yo lo dejaré solo si lo conozco verdaderamente, si veo el proceso de su
funcionamiento en su totalidad...; es decir, si me sostengo allí donde mis pensamientos, mis
emociones y mis acciones se revelan ante mí.
Si
estoy constantemente sobre el «quien vive» de instante en instante, pasivo, lucido... inmóvil.
jeanne de salzmann
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