OBEDIENCIA Y
VOLUNTAD
Dos
polos actúan sobre mi Presencia y me comunican una vibración completamente
diferente.
Por
la sensación que tengo de ellos conozco su acción sobre mí.
Soy
sensible a la atracción de la tierra y le obedezco.
Y
soy sensible a la atracción que viene de las esferas más altas e igualmente le
obedezco.
Pero
no lo se, no me doy cuenta de ello, soy demasiado pasivo.
Hay
dos fuerzas, dos corrientes, sin relación entre si.
Para
que las fuerzas más altas puedan ser absorbidas e influenciar la materia más
espesa, más densa, se necesitaría una corriente de una intensidad intermedia,
de otro voltaje, que pueda galvanizar el todo.
Haría
falta una corriente emocional más pura en la cual no entrara la materia de mis emociones subjetivas
habituales.
Esa
corriente está, aquí cuando despierto a la visión de esas dos fuerzas que actúan al mismo
tiempo.
Al
despertar a esa visión, soy tomado por un querer que es la esencia misma del sentimiento de
mí, en toda su
pureza: un querer ser lo que soy, el despertar a mi naturaleza verdadera, el “Yo Soy”.
Hoy,
algo está abierto en una parte de mi mismo que me llama hacia un contacto, una
relación que no viene por si sola.
Siento
que tengo
la necesidad de obedecer a una energía superior, a una autoridad que reconozco como la
única porque soy una partícula de ella.
Para
no
perder mi relación con ella, necesito servirla.
Hay
dos clases de obediencia.
Si
intento obedecer inconscientemente en un estado pasivo, me pierdo y no
puedo servir.
Pero
si puedo ser más activo, puedo obedecer voluntariamente al someterme.
Es
necesario un estado de pasividad consciente.
Sólo
con una pasividad voluntaria y sostenida de las funciones la atención está activa.
Debo
silenciar todas mis actividades habituales, desprenderme de su dominio.
Pensamiento,
emoción,
sensación, deben ser tranquilizados.
Mi
atención, vuelta voluntaria, puede ser dirigida hacia una toma de conocimiento de “lo que es”, de lo que “soy”, de
cuan verdadero soy.
La
aparición de una fuerza voluntaria es lo único que puede liberarme del dominio
de una fuerza involuntaria.
Todas
las partes de mí se relacionan en una atención total que no deja nada fuera de su mirada.
En
el acto de presencia de mí mismo, yo obedezco y me someto.
Renuncio
a mi propia voluntad respecto de las fuerzas superiores, pero mando sobre mis funciones
con otra voluntad.
La
sensación consciente es la primera señal de obediencia a algo más grande.
Y
sólo puedo tener una sensación consciente si estoy voluntariamente pasivo.
Cuando
siento la insuficiencia, cuando siento lo que falta, veo la necesidad de cambiar y sufro como si
tuviera hambre
y no fuera alimentado.
Mi
pensamiento es llamado hacia una sensación muy profunda, una sensación que despierta siempre
un sentimiento.
Pero
ese sentimiento es débil, yo no creo aún en él.
Tengo
miedo,
y apenas ese sentimiento desaparece, el ego dispersa todo.
Para
volver
a empezar necesito ver que esto me exige una cierta humildad, una sinceridad.
Debo
buscar de nuevo una sensación profunda.
O
bien obedezco
a la corriente que me quita mi fuerza, o bien a la que me da una fuerza.
Si
la atención no es puesta conscientemente sobre algo, es tomada.
Es
una ley a la que no puedo escapar.
No
basta que dos energías esten vueltas una hacia la otra, sino que hace falta como un movimiento de
acercamiento activo para provocar un nuevo movimiento interior que llame a un sentimiento.
Empiezo
a ver que toda mi lucha, todas mis posibilidades o imposibilidades, son una
cuestión de atención.
Hay
una fuerza en mí que para actuar sobre mí pide mi atención, y otra fuerza que la toma y la dispersa.
Pero
no hay nadie en medio para saber lo que quiero, nadie que se sienta
responsable.
La
sensación de algo que falta es lo más importante.
Sólo
yo puedo resolver la cuestión... si yo lo quiero.
jeanne de salzmann
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