ESTOY EN
MOVIMIENTO
¿De
dónde vienen nuestras acciones, nuestros movimientos?
En
el
estado de separación de los centros no puede haber sino reacción.
Los
centros no tienen las mismas asociaciones, ni el mismo propósito, ni la misma visión.
La
acción verdadera pertenece a un estado que está más allá de nuestro funcionamiento ordinario.
Hay
un perpetuo movimiento de energía que no se detiene jamás.
Él
da nacimiento a toda suerte de movimientos; es decir, un desplazamiento de la
energía que parte de una disposición interior, de una actitud, para llegar a
otra.
Nunca
vemos la actitud y el desplazamiento al mismo tiempo.
O
bien la actitud está fija y el movimiento va allí de cualquier manera, o bien
la fuerza del movimiento no se interesa por la actitud.
Podemos
pensar un movimiento e iniciarlo, pero no podemos seguirlo.
Seguir
el movimiento exige una cierta visión interior.
Usualmente,
la
energía de mi mirada es pasiva, mi atención no está libre.
Miro
con o
a través de una imagen, una idea, y en consecuencia, realmente no veo.
Tengo
la sensación del cuerpo, pero no siento el movimiento de energía que está
contenido en el cuerpo.
Para
sentir el movimiento, el estado del cuerpo debe cambiar y el estado del pensamiento y del sentimiento también debe
cambiar.
El
cuerpo debe adquirir una gran sensibilidad y un poder de acción que le es totalmente desconocido.
Debe
reconocer que debe servir, que él es la materia a través de la cual
actúan las fuerzas.
Hay
que demostrar al cuerpo que él necesita obedecer y que es absolutamente necesario un acuerdo entre
él y el pensamiento.
Entonces
puede aparecer un movimiento de un nuevo tipo, un movimiento libre.
Ese—movimiento
no se hará sin mí, sin mi atención, y cuanto más total sea mi atención, más libre será el
movimiento.
Para
mantener una relación entre los centros, debe realizarse una acción en un cierto tempo, a una cierta velocidad.
Sin
embargo, siempre trabajamos en nuestro tempo
habitual, que es un tempo de
inercia, un
tempo sin atracción vivificante.
O
el cuerpo no interviene en ello y la cabeza no mantiene su libertad de pensamiento, o la cabeza no es suficientemente activa
y es el cuerpo el que sigue sus hábitos.
En
consecuencia,
nuestra acción no crea nada nuevo, nada viviente, no produce sonido.
Los
movimientos aportados por Gurdjieff muestran una nueva calidad de acción donde el
ritmo está dado y nosotros estamos obligados a someternos a él.
En
nuestro propio trabajo, necesitamos encontrar por nosotros mismos el tempo
justo e igualmente someternos a él.
De
otro
modo, ese trabajo no nos transformará.
Necesito
sentir que mi cuerpo y mi cabeza deben tener una relación pareja, la misma fuerza, la
misma intensidad.
Asi,
la sensación de la energía que está contenida en el cuerpo puede ser más fuerte que la sensación del
cuerpo.
Entonces, puedo seguir el
movimiento.
Estoy
en movimiento.
jeanne de salzmann
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