lunes, 28 de septiembre de 2015

ESTOY EN MOVIMIENTO

ESTOY EN MOVIMIENTO

¿De dónde vienen nuestras acciones, nuestros movimientos?

En el estado de separación de los centros no puede haber sino reacción.

Los centros no tienen las mismas asociaciones, ni el mismo propósito, ni la misma visión.

La acción verdadera pertenece a un estado que está más allá de nuestro funcionamiento ordinario.

Hay un perpetuo movimiento de energía que no se detiene jamás.

Él da nacimiento a toda suerte de movimientos; es decir, un desplazamiento de la energía que parte de una disposición interior, de una actitud, para llegar a otra.

Nunca vemos la actitud y el desplazamiento al mismo tiempo.

O bien la actitud está fija y el movimiento va allí de cualquier manera, o bien la fuerza del movimiento no se interesa por la actitud.

Podemos pensar un movimiento e iniciarlo, pero no podemos seguirlo.

Seguir el movimiento exige una cierta visión interior.

Usualmente, la energía de mi mirada es pasiva, mi atención no está libre.

Miro con o a través de una imagen, una idea, y en consecuencia, realmente no veo.

Tengo la sensación del cuerpo, pero no siento el movimiento de energía que está contenido en el cuerpo.

Para sentir el movimiento, el estado del cuerpo debe cambiar y el estado del pensamiento y del sentimiento también debe cambiar.

El cuerpo debe adquirir una gran sensibilidad y un poder de acción que le es totalmente desconocido.

Debe reconocer que debe servir, que él es la materia a través de la cual actúan las fuerzas.

Hay que demostrar al cuerpo que él necesita obedecer y que es absolutamente necesario un acuerdo entre él y el pensamiento.

Entonces puede aparecer un movimiento de un nuevo tipo, un movimiento libre.

Ese—movimiento no se hará sin mí, sin mi atención, y cuanto más total sea mi atención, más libre será el movimiento.

Para mantener una relación entre los centros, debe realizarse una acción en un cierto tempo, a una cierta velocidad.

Sin embargo, siempre trabajamos en nuestro tempo habitual, que es un tempo de inercia, un tempo sin atracción vivificante.

O el cuerpo no interviene en ello y la cabeza no mantiene su libertad de pensamiento, o la cabeza no es suficientemente activa y es el cuerpo el que sigue sus hábitos.

En consecuencia, nuestra acción no crea nada nuevo, nada viviente, no produce sonido.

Los movimientos aportados por Gurdjieff muestran una nueva calidad de acción donde el ritmo está dado y nosotros estamos obligados a someternos a él.

En nuestro propio trabajo, necesitamos encontrar por nosotros mismos el tempo justo e igualmente someternos a él.

De otro modo, ese trabajo no nos transformará.

Necesito sentir que mi cuerpo y mi cabeza deben tener una relación pareja, la misma fuerza, la misma intensidad.

Asi, la sensación de la energía que está contenida en el cuerpo puede ser más fuerte que la sensación del cuerpo.

Entonces, puedo seguir el movimiento.


Estoy en movimiento.

jeanne de salzmann

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