LO QUE SOY
REALMENTE
Conocerme
significa conocer mi verdadera naturaleza.
Al
preguntarme
quién soy, quiero conocer mi verdadera naturaleza.
Estoy
frente a
un misterio.
Algo
que es más yo que todo lo que conozco pide ser reconocido.
Es
como si fuera a nacer a mí mismo.
Quiero
ser capaz de percibir lo que soy realmente.
Eso
depende de mí, depende de la verdad de mi deseo.
Necesito
mantenerme bajo una mirada que me llama a ser lo que soy.
Ninguna
de mis percepciones habituales me ayudará a acercarme a esa experiencia.
Debo
ir más allá de todas ellas para llegar a una percepción imposible de prever de antemano.
No
puede haber ninguna palabra, las palabras me aprisionan; ninguna memoria, la memoria me
aprisiona; ningún deseo formulado, la formula me aprisiona.
Reconozco
que todos son inútiles y los dejo.
Una
sola cosa me acerca a lo que soy verdaderamente: lo único que importa es ser verdadero.
He
aceptado la idea de que no sé lo que soy.
Pero
es sólo una idea, una teoría; no comprendo lo que eso significa.
En
mi estado de conciencia habitual, lo que puedo percibir está limitado por las funciones que rigen esas
percepciones.
Percibo
las cosas con mi pensamiento, mis emociones, mi sensación, y con ellos trato de tomar conciencia.
Pero
esas funciones trabajan en un nivel muy ordinario, muy automatizado.
Son
las funciones de los centros inferiores en mí.
Lo
que quiero conocer es mucho más alto, más puro, una fuerza
dotada de cualidades que esas
funciones no pueden percibir.
Quisiera
conocer lo que soy realmente, en mi verdadera naturaleza, mi esencia misma en la que todas mis posibilidades
estan contenidas... Quiero regresar a la fuente de lo que es, de
la única realidad del «sí mismo».
El
sí mismo surge del Absoluto; no puedo existir fuera del Absoluto, fuera del Si
Mismo Absoluto.
Y
sin embargo, me veo como fuera de él y me dirijo a él como hacia afuera de mí.
Confundo
el verdadero sí mismo con el cuerpo y sus funciones.
Pero
el verdadero sí mismo es como el espacio: sin ataduras, puro, infinito.
Siento
cada vez más la necesidad de llegar a un estado de tranquilidad y de paz.
Pero
que no tiene nada de pasivo, activamente consciente de esa paz; un estado
«todos-cerebros-equilibrados».
Es
así como
lo experimento.
Y
comprendo lo que Gurdjieff quiere decir en Bekebti,
cuando
dice que antes de ponerse a meditar, Ashyata Sheyimash se esforzó (por toda clase de medios) en llegar a
un estado «todos-cerebros-equilibrados».
Percibo
un estado de vida, de vibraciones de una clase que
nada puede igualar: las vibraciones de mi Ser.
De
esa sustancia viviente, de esa fuente, parten olas de vibraciones de otra clase: mis
pensamientos, deseos...
Pero
es como el mar y las olas que suben y bajan.
Es
una sola y misma cosa.
Lo
que es esencial es la vida que anima a un ser; la vida es permanente.
jeanne de salzmann
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