LA RESONANCIA DE
QUE YO SOY
Para
conocer una energía viva en mí no es suficiente la “memoria” que tengo de ella.
Debe
haber una percepción directa de lo desconocido.
Pero
vivimos de memorias, de recuerdos.
La
memoria sustituye algo vivo por una imagen muerta que me impide percibirlo.
Imponemos
algo irreal, algo que no existe, en lugar de lo que es.
Quiero
ser consciente de esa energía desconocida que está en mí.
Para
ello debo abandonar la idea de que conozco mi cuerpo.
Tengo
que
ver que el recuerdo de mi cuerpo, de la sensación conocida de mi cuerpo, se impone como
una respuesta en el momento de la pregunta, en el momento de la incomprensión.
Y
ya que esa respuesta aparece espontáneamente, permanezco pasivo y no me levanto para buscar.
Tengo
que ver esa tendencia mía constante a permitir que la percepción directa sea
reemplazada por el recuerdo de la sensación.
Necesito
sentir que también mi cuerpo es un desconocido.
Experimento
mi Yo esencial como el eco de una vibración distante, de la cual apenas soy
consciente.
Está
como inmerso en mi cuerpo y, por el hecho de estarlo, no puede ser distinguido de él.
Necesito
separarme de
mis pensamientos, de mis emociones ordinarias, de mis movimientos y de mis sensaciones.
Sus
vibraciones de inercia que me condicionan son un obstáculo para la conciencia del Yo.
Pero
tengo el poder de ignorarlas y no dejarme invadir por ellas, si me concentro sobre las
vibraciones del Yo, ese eco de una vibración poderosa que podría transformarme.
Cuando
siento una profunda inquietud e insatisfacción, como nos pasa a todos en
diferentes momentos, es porque no escucho las vibraciones sutiles, más finas, de mi Presencia.
No
permito que me animen.
No
estoy disponible para ellas.
Sigo
todavía, y siempre, completamente movido por las vibraciones de inercia de mis funciones.
Pero
la inquietud y la insatisfacción no son suficientes.
Necesito
un sentimiento
y un pensamiento más conscientes, dirigidos hacia esa corriente subyacente.
Necesito
llegar a comprender que detrás de mi pensamiento hay algo, que detrás de mi emocion hay algo,
que detrás de
mis movimientos hay algo... y, activamente, ir en la dirección de ese «algo».
Tal
como soy, mi energía está demasiado fragmentada, demasiado pasiva.
No
esta imantada en una dirección.
Tomo
conciencia de que para ir mas allá de mi estado actual necesito una mayor
concentración de fuerzas.
Cuando
comprendo esa necesidad, tengo un movimiento de concentración hacia lo que, en
mí, busca ser yo.
En
ese movimiento voluntario, mi atención se activa y se afina; y ese movimiento de concentración
pasa un umbral donde las palabras ya no son necesarias, donde mi ego está apaciguado y mi cuerpo está
inmóvil.
¿Quién soy yo?
En
un estado de pregunta sin palabras me aproximo a un vacío.
Acepto
no poner nada allí, no saber nada, no conocer nada.
Soy
todo
atención al silencio.
Estoy
enteramente presente a la pregunta ¿Quién
soy yo?, como si fuera el imán que atrae toda mi fuerza de percepción.
Detrás
de toda nuestra vida, de toda nuestra actividad, esa pregunta debe resonar más fuerte que el
movimiento hacia la vida. ¿Quien...?
Quiero
penetrar
en el estado antes de que ese pensamiento llegue.
Observo
de dónde
viene ese pensamiento. ¿Quién...?
Suavemente,
muy tranquilamente, penetro en el estado.
Una
absoluta tranquilidad es necesaria.
¿Quién
soy yo?
Escucho
la resonancia de la pregunta.
Aprendo
a escuchar
la resonancia de la respuesta que percibo por la sensación de vida, de una corriente
de vida.
Ella
me muestra que en ese momento mi esencia es tocada.
Mi
trabajo no es imaginario.
No
está solamente en la superficie.
Ha
penetrado más profundamente.
Pertenezco
a esa vida, cuyo eco siento, y lo único que trato es de armonizarme con él.
Escucho
en mí mismo la resonancia de «Yo soy».
Y
ella debe ser más importante que cualquier otra cosa en el mundo.
Es
mi alma, ella misma, la que está aquí.
jeanne de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario