UNA PARTE DE LA ENSEÑANZA
Los Movimientos son una parte, sólo una parte, de la
enseñanza sobre la posible transformación de las energías en
nosotros y sobre el sentido de la vida humana.
Expresan la enseñanza en un lenguaje donde cada
gesto, cada posición, cada secuencia, tiene un papel y un significado
específicos.
No podemos comprender los movimientos separados de la
enseñanza, y no podemos practicarlos correctamente con nuestro pensamiento y
sentimiento ordinarios.
Exigen la participación de toda nuestra Presencia.
Tengo que abrirme a una energía que debe tener
su propia vida en mí.
Entonces, es el cuerpo de energía, la Presencia, lo
que está en movimiento.
A menos que esa Presencia esté aquí, los Movimientos se hacen
automáticamente.
Incluso, si nosotros pensamos que se hacen bien, no
expresan nada y carecen de significado.
Ese tipo de práctica es una total distorsión y no tiene
nada que ver con los Movimientos tal como fueron creados.
Al tratar de llevar los Movimientos a otros, uno se ve,
después de un tiempo, en una posición difícil.
Repetimos ciertos Movimientos y buscamos unos
nuevos para mantener un interés.
Pero realmente no sabemos lo que estamos haciendo.
Nos aferramos a una forma que está vacía de
significado.
Necesitamos una experiencia de Presencia y
de Presencia-en-movimiento, que no hemos vivido.
Nos aferramos a una forma que está vacía de
significado porque falta el poder de creación real que es la señal de este
trabajo.
Este conocimiento necesita ser descifrado y esto no se
puede hacer solo.
Uno necesita una experiencia por la cual uno mismo no
ha pasado.
De hecho, tenemos una comprensión muy limitada, tanto de
la enseñanza como del lenguaje de los Movimientos.
Nos tomará años desarrollar la atención necesaria.
Entonces, ¿cuál sería una actitud correcta hoy en día si
deseamos servir al Trabajo?
¿Qué se requiere para llevar un Movimiento a otros?
Primero, uno necesita haber hecho el Movimiento,
comprender su estructura —la secuencia de posiciones—, su ritmo.
Se necesita exigir actitudes justas a sí mismo y a
los demás.
Las posiciones deben ser exactas, porque sin precisión,
el trabajo es superficial.
Uno debe ver en sí mismo a qué corresponden las
posiciones y encontrar el tempo justo, vivificar el Movimiento.
Por supuesto, siempre hay preguntas.
¿Es necesario simplificar este Movimiento y aprender
un miembro después de otro?
¿Que tendrá más efecto sobre la atención?
¿Qué tipo de demanda debe hacerse y cómo?
¿Debe decirse algo más, recordando siempre que las palabras
promueven el pensamiento y animan a la cabeza a “hacer” el Movimiento?
Y siempre, ¿Qué es este Movimiento? ¿A qué llama?
Cada vez, antes de empezar una clase, tenemos que
tomarnos un momento con nosotros mismos para recordar a qué queremos
servir, en qué tenemos fe.
Lo más importante es mi estado.
Necesito una atención consciente, que sea más fuerte que el
automatismo.
Sin ésta visión, es sólo el ego el que da o el que
ejecuta el Movimiento.
En cada Movimiento hay una secuencia de posiciones que
componen un todo, el cual debe ser realizado sin error.
Por lo común no vemos el conjunto.
Todo el Movimiento tiene que ser previsto simultáneamente por
nuestras funciones durante un tiempo bastante largo, cuando todo lo
demás en nosotros esté quieto.
La secuencia de las posiciones refleja la línea de
fuerzas que se desarrollan y tiene siempre en la mirada el estado en el cual
uno se encuentra, estado dirigido por el equilibrio de los
centros de energía.
Repetir un Movimiento simplemente refuerza el automatismo y
nuestra tendencia a apoyarnos en el cuerpo sin la participación del pensamiento.
Asi que los ejercicios y el concentrarnos en partes de
un Movimiento son importantes no sólo para introducir el Movimiento, sino para trabajar
sobre aspectos de la atención que necesitan ser desarrollados.
Al mismo tiempo, ya que cada Movimiento expresa
una totalidad —tiene su significado como un todo—, necesitamos también permitir que la
clase tenga la experiencia del Movimiento en su totalidad.
Necesitamos ver que diferentes posiciones y tempos representan diferentes
estados de energía.
Por ejemplo, cuando el brazo derecho hace un círculo,
la continuidad expresa algo tranquilo que no varía.
Cuando el brazo izquierdo entra con otro tempo y en una serie de posiciones,
representa una energía diferente.
También tenemos que comprender cómo diferentes posiciones
cambian nuestra disposición interior, porque la dirección de la energía cambió en
nosotros.
Una cierta postura es necesaria para permitir
que la energía circule libremente a lo largo de la columna vertebral;
un cambio en la posicion altera la disposición, porque la dirección de
la energía cambia.
Si bajo la cabeza, por ejemplo, la corriente ya no
pasa de la misma manera; se devuelve hacia abajo.
Si pongo mi mano en mi pecho, conservo la energía en este
lugar.
Si levanto mi cabeza, recibo la energía desde arriba.
Si pongo mi brazo hacia delante, detengo el flujo.
Si entonces levanto el antebrazo, conservando el codo en
la misma posición, estoy listo para recibir el flujo de energía; y si bajo el brazo, la
energía será recibida y almacenada en el cuerpo.
Tenemos que ser muy cuidadosos de no cambiar el
Movimiento, en particular el orden de Las posiciones, que expresa una
ley.
Cada posición, cada gesto, tiene su lugar, su duración, su peso
propio.
Si hay un error o si algo nuevo se introduce, el
significado general puede deformarse.
Tenemos una tendencia a imaginar, a dejar que ideas,
imagenes y emociones sin sentido penetren nuestras actitudes.
Pero lo que sucede es más serio: el paso de energía que
produce el estado deseado por aquel que creó el Movimiento.
Es una ciencia, un conocimiento —el más fundamental
de todos— que sólo puede ser obtenido por etapas, comenzando por
la relación entre los centros de energía durante la acción.
Tiene que ser decodificado y estudiado in situ, entregándose uno mismo a la
práctica.
jeanne de salzmann
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