¿POR QUÉ TRABAJAR JUNTOS?
¿Por que venimos aquí a trabajar juntos?
Sentimos que si no participamos en ciertas condiciones
seremos tomados por los hábitos y las circunstancias de la vida en los
cuales nos perderemos.
Tal vez aquí, juntos, sea posible crear condiciones en las cuales
una energía más elevada puede aparecer en nosotros y a nuestro
alrededor.
Entonces, juntos, seremos responsables de servirla.
Debemos comprender la necesidad de trabajar con los
otros, pues ellos nos son tan necesarios como la enseñanza misma.
En momentos difíciles, pensamos que sería más
fácil trabajar solos..., “no con esta gente, no en estas condiciones...”.
Esto muestra una falta total de comprensión de
éste camino, de la necesidad de ver y de liberarnos de nuestra
voluntad propia, que no tiene nada que ver con la voluntad real.
Tenemos que salirnos del círculo estrecho de los
pensamientos y emociones en el que estamos encerrados.
Tenemos que escapar para tener la posibilidad de
acercarnos a otro mundo y existir de una forma diferente.
Sabemos que esto requiere esfuerzos.
Nos reunimos porque cada uno de nosotros siente la
necesidad de llegar a ser consciente de sí mismo.
Mientras sea lo que soy —es decir, mientras piense
como pienso y sienta como siento—, no conoceré nada verdadero, nada real.
Necesito tomar conciencia de mi manera de pensar y
sentir, pues ella condiciona todos mis actos.
Sólo la percepción de la verdad une.
El Trabajo real juntos, la cooperación, vienen de una
comprensión común de la verdad, del hecho de que cada uno de nosotros
ve la verdad y siente la necesidad de ponerla en acción.
La base de este Trabajo no es un acercamiento especial,
un método especial o unas condiciones especiales.
En primer lugar, es una apertura a sí mismo y a los demás.
La vida es una relación que pide la cooperación.
Nos pide que colaboremos, que hagamos cosas juntos, que veamos las
cosas juntos, que sintamos y vivamos juntos.
Esa cooperación pide la misma intensidad, al mismo nivel y al
mismo tiempo; de otra manera no es “juntos”.
Cada uno de nosotros está solo y dentro de sí debe estar
solo: solo frente a su comprensión, solo frente al llamado de lo
divino y solo frente a lo que es su persona humana.
Llego a vincularme con los otros cuando
empiezo a reconocer la identidad de mi naturaleza original y a ver
que todos tenemos la misma dificultad de hacer que la totalidad de nuestra
persona reconozca esa naturaleza original hasta que ella pueda tener un poder de
acción sobre nosotros.
¿Cuál podría ser en este momento el sentido de
nuestra vida?
¿Cuál podría ser nuestra utilidad?
No lo sabemos antes de haber llegado allí.
Mientras tanto, hay una energía muy especial que permite
la acción de una naturaleza más fina sobre una naturaleza menos sutil.
Esa energía tiene el poder de llamar y de
atraer de manera irresistible.
Esto representa la ayuda verdadera que podríamos darnos unos a
otros.
Esa es la única ayuda, la única relación verdadera.
Toda otra relación decepciona.
Pero esa relación tiene que ser asumida.
Requiere sinceridad y rigor en todo momento.
Todos dependemos unos de otros; somos responsables unos de otros.
Lo que uno aporta con su trabajo los otros lo reciben
como ayuda, y lo que otro aporta de su inercia u oposición los lleva en otra dirección.
Puede que yo comprenda el esfuerzo menos que los demás y puede que
algunos titubeen más que otros, pero eso no importa.
La dirección común que seguimos es reconocida.
En un nivel más profundo, el trabajo con otros es una
condición para vivir esta enseñanza, para representar el drama que
Gurdjieff nos dejo.
En el camino hacia el nacimiento interior se requiere
vigilancia para contrarrestar las fuerzas que actúan contra un
verdadero trabajo.
La primera es la mentira en la afirmación de sí mismo.
Es una prueba decisiva.
No debe haber componendas con la verdad.
Es por ello que la condición más importante, la más
necesaria, es trabajar con un grupo de personas más
antiguas, de experiencia y comprensión equiparables, capaz de derribar la
escala completamente falsa de valores establecida por la personalidad.
Necesitamos ver que en el centro de todo está la monstruosa
proliferación de nuestra vanidad y nuestro egoísmo, que ocupan todo el
espacio.
Trabajar juntos sinceramente sería comprender nuestra
nulidad o nadidad interior y lo que sería una relación humana verdadera.
jeanne de salzmann
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