lunes, 28 de septiembre de 2015

LOS REMORDIMIENTOS DE CONCIENCIA

LOS REMORDIMIENTOS DE CONCIENCIA

En la vía hacia el segundo nacimiento, es el verdadero sentimiento de amor el que hace traspasar el segundo umbral.

Pero antes de que el sentimiento puro llegue, tenemos que pasar por la fe y adquirir el discernimiento a partir de una fuerza nutrida por la esperanza.

Para eso es necesaria la renovación de la inteligencia y el conocimiento que restablece el orden de los valores y somete la personalidad al yo real.

Creer, esperar, amar, son indispensables para la evolución del ser.

Pero solo se puede tener esto si se ha tenido al mismo tiempo el sufrimiento voluntario, el cual permite que aparezca el sentimiento verdadero.

Hay que sentir remordimientos de conciencia.

Lo que es voluntario es que uno prepara unas condiciones para sufrir voluntariamente y uno permanece frente a su insuficiencia.

Sufro mi insuficiencia.

Esto desarrolla una voluntad, un querer que no se desarrollara de otra manera.

El sentimiento verdadero no es una reacción.

Cuando uno ha sido tocado por una fuerza superior, la experiencia del sufrimiento no es la misma.

En los momentos en que no logro sentir «Yo Soy» como una realidad, siento detrás de todas mis manifestaciones un sufrimiento constante, como si sintiera la falta de algo precioso.

Es una señal.

Hasta ahora, mi conciencia no era la verdadera conciencia.

Vivía con mis funciones.

Ahora sé que puedo ir más lejos, alcanzar nuevas capas.

Y logro en ciertos momentos tocar mi esencia, como un nuevo centro de gravedad.

Esta esencia es como un recién nacido que necesito alimentar y fortalecer.

Es allí donde debo aprender a mantenerme, allí donde está mi verdadero trabajo.

Cada vez siento más la necesidad de lo espiritual en mí, que el espíritu me penetre y me transforme.

Sin embargo, el paso no está libre.

Me quedo en la superficie de mí mismo, condicionado por mi falta interior de relación.

Hasta cuando siento con fuerza, siempre estoy en la superficie.

Mientras no esté atento a esto, no podré penetrar más profundamente en mí mismo.

Pero cuando lo veo y lo siento bien, hay como una especie de sufrimiento, una carencia, una insuficiencia.

¿Acepto o no acepto estar ante esa insuficiencia?

El sufrimiento no es por mi apego a la idea que tengo de mí, mi amor propio, ni por un fracaso en el pasado. Es un sufrimiento por mi propia indiferencia, mi incapacidad, por la manera en que vivo en ese momento.

Necesito sentir remordimientos de conciencia para tener una visión de lo que falta, para ver claro.

Profundamente quiero someterme por completo a la voz interior, al sentimiento de lo divino, de lo sagrado en mí.

Sé que una energía más alta (lo que las religiones llaman Dios) está en mí.

Ella aparece si la cabeza y el cuerpo estan relacionados.

Hay Dios cuando dos fuerzas se oponen y una tercera fuerza las une.

Podemos pedir ayuda para unir esas fuerzas en nosotros.

Podemos decir «Señor, ten piedad» para Ser.

jeanne de salzmann


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