LOS REMORDIMIENTOS DE CONCIENCIA
En
la vía hacia el segundo nacimiento, es el verdadero sentimiento de amor el que hace
traspasar el segundo umbral.
Pero
antes de que el sentimiento puro llegue, tenemos que pasar por la fe y adquirir el discernimiento a partir de
una fuerza nutrida por la esperanza.
Para
eso es
necesaria la renovación de la inteligencia y el conocimiento que restablece el orden de los
valores y somete la personalidad al yo real.
Creer,
esperar, amar, son indispensables para la evolución del ser.
Pero
solo se puede tener esto si se ha tenido al mismo tiempo el sufrimiento voluntario, el
cual permite que aparezca el sentimiento verdadero.
Hay
que sentir remordimientos de conciencia.
Lo
que es voluntario
es que uno prepara unas condiciones para sufrir voluntariamente y uno permanece frente a
su insuficiencia.
Sufro
mi insuficiencia.
Esto
desarrolla
una voluntad, un querer que no se desarrollara de otra manera.
El
sentimiento verdadero no es una reacción.
Cuando
uno ha sido tocado
por una fuerza superior, la experiencia del sufrimiento no es la misma.
En
los momentos en que no logro sentir «Yo Soy» como una realidad, siento detrás de
todas mis manifestaciones un sufrimiento constante, como si sintiera la falta de algo precioso.
Es
una señal.
Hasta
ahora,
mi conciencia no era la verdadera conciencia.
Vivía
con mis funciones.
Ahora
sé que puedo ir más lejos, alcanzar nuevas capas.
Y
logro en ciertos momentos tocar mi esencia, como un nuevo centro de gravedad.
Esta
esencia es como un recién nacido que necesito alimentar y fortalecer.
Es
allí donde debo aprender a mantenerme, allí donde está mi verdadero trabajo.
Cada
vez siento más la necesidad de lo espiritual en mí, que el espíritu me penetre
y me transforme.
Sin
embargo, el paso no está libre.
Me
quedo en la superficie de mí mismo, condicionado por mi falta interior de
relación.
Hasta
cuando siento con fuerza, siempre estoy en la superficie.
Mientras
no esté atento a esto, no podré penetrar más profundamente en mí mismo.
Pero
cuando lo veo y lo siento bien, hay como una especie de sufrimiento, una carencia, una
insuficiencia.
¿Acepto
o no acepto estar ante esa insuficiencia?
El
sufrimiento no es por mi apego a la idea que tengo de mí, mi amor propio, ni por un fracaso en el pasado. Es
un sufrimiento por mi propia indiferencia, mi incapacidad, por la manera en que vivo en ese momento.
Necesito
sentir
remordimientos de conciencia para tener una visión de lo que falta, para ver claro.
Profundamente
quiero someterme por completo a la voz interior, al sentimiento de lo
divino, de lo sagrado en mí.
Sé
que una energía más alta (lo que las religiones llaman Dios) está en mí.
Ella
aparece si
la cabeza y el cuerpo estan relacionados.
Hay
Dios cuando dos fuerzas se oponen y una tercera fuerza las une.
Podemos
pedir ayuda para
unir esas fuerzas en nosotros.
Podemos
decir «Señor, ten piedad» para Ser.
jeanne de salzmann
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