EL VERDADERO INTERCAMBIO
La forma habitual de preguntas y respuestas es exterior,
exterior a uno mismo.
Naturalmente, es necesario que aparezca una pregunta, pero con ella
entra tambien el silencio.
La pregunta es la puerta de entrada al silencio,
el umbral a lo desconocido.
¿Cuál es la nueva condición interior que aporta la
pregunta si es bien sentida?
¿Cómo hacer que ella nazca?
Una falsa actitud puede desarrollarse en los grupos entre
quienes plantean preguntas y quienes las responden.
Esto se transforma en un momento de respuestas a preguntas, no
un momento de presencia juntos en pos de una nueva comprensión, de una nueva
manera de pensar y sentir.
Se confía en algún conocimiento y entonces hay algo que
no sucede.
Todos los elementos están allí, pero no es el material
justo el que está en primer lugar.
Cuando yo intercambio en un grupo, necesito saber a qué
estoy llamando a la otra persona, a qué participación.
En el mismo momento de hablar, puedo ser torpe o
insuficiente con mi esfuerzo, pero necesito conocer la naturaleza del
esfuerzo cooperativo en el cual estoy tomando parte.
No sé en qué confiar y acepto demasiado facilmente mentir,
afirmando una falsa imagen de mí mismo.
¿Cómo puedo estar enfrente de lo que está en pregunta?
¿Cómo puedo comprender al otro, comprender su pregunta y
relacionarla con la mía propia para tener un momento de cooperación
libre?
Lo más importante para mí es abrirme yo mismo a mi pregunta.
Queremos aprender juntos, abrirnos a lo desconocido.
Hay una actitud que no debemos permitirnos, que arruina
nuestro trabajo y el de los demás.
En vez de abrirnos a las posibilidades con ellos a través
de un esfuerzo desesperado por encontrar de nuevo nuestra medida,
pretendemos enseñarles, cuando solamente están allí para hacernos ver nuestra
nulidad o nadidad, que de otra manera es demasiado difícil de percibir.
Nadie puede enseñar.
Sólo podemos trabajar.
Y antes de trabajar tenemos que haber tomado nuestra
medida para estar convencidos del esfuerzo que tenemos que hacer.
Nadie puede pedirnos ser más de lo que somos, pero
no tenemos el derecho en nombre del Trabajo de pretender, frente a
los otros, algo que no es verdad.
Sobre todo, necesito trabajar yo mismo, medirme.
Cuando otros traigan sus preguntas, soy yo quien tengo
que ponerme en pregunta en mí mismo.
Si soy capaz de responder un poco a la pregunta,
es a mí mismo a quien estoy respondiendo.
Necesitamos intercambiar lo que hemos recibido para que
ese material permanezca vivo en nosotros.
Si no es intercambiado, no estará vivo.
Pero un intercambio es en las dos direcciones.
En el momento del intercambio, necesito estar yo mismo en
pregunta, abrirme a mi búsqueda, vivirla verdaderamente, sensible a todas
mis propias reacciones y a aquellas de quienes comparten mi
experiencia.
En ese momento, con la sed de ser suficientemente libre para
obedecer las leyes de la fuerza superior, con la sensación de mis
reacciones incesantes, yo sé que yo soy.
Conozco mis debilidades.
Pero si veo que el sentido de mi vida está aquí, sólo
aquí, tengo una dirección constante para mi esfuerzo, el esfuerzo de ser un individuo
responsable.
Esta es la experiencia de un momento de creación.
Todo lo demás —por ejemplo, que yo sepa más que los
otros— pertenece al reino de los sueños.
jeanne de salzmann
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