REPETIR, REPETIR
El
primer choque consciente, el despertar, el recuerdo de si, es Ilegar a un estado más
recogido, un estado que nos permita abrirnos a nuestro ser.
Cuando
mi energía está contenida no sirve a los mismos propositos que cuando es devorada por todas las
influencias de afuera.
Puede
servir a otros propósitos, entrar en otras combinaciones porque tiene otra
calidad.
Estamos
delante de la necesidad absoluta de un cambio de estado interior.
Nuestro
estado no nos permite permanecer libres porque no hay unidad en nosotros.
Así
la energía es tomada, llevada.
Cuando
lo comprendemos,
tratamos de conservar un estado más recogido, más relacionado.
Pero
todavía no estamos transformados y perdemos ese estado fácilmente.
¿Qué
es lo que hace que lo perdamos?
La
relación entre mi pensamiento y mi cuerpo es insuficiente.
El
ego
está todo el tiempo allí.
No
estoy animado por una energía de tal intensidad que pueda transformarme completamente.
Hoy
en día, esto no es posible.
Necesito
pasar por diferentes etapas hasta que la relación entre mi pensamiento y mi cuerpo llegue a ser cada
vez más fuerte.
Hasta
que ya no sienta dos partes, sino una Presencia.
Para
esto, tengo
que conservar en mí una cierta intensidad y que nada me la haga perder.
Cuando
me veo disperso, no recogido, no trato de traerme de regreso, porque eso sería
forzado. Me veo.
Hay
entonces un movimiento espontaneo de relajar, de soltar.
Tomo
conciencia de lo que significa ser.
Y
allí está el secreto.
Esta
la realidad y está mi yo ordinario, que busca una actitud para preservar su continuidad, porque a
veces tiene miedo,
pero es astuto y nunca es verdaderamente sacudido.
Mientras
no
haya visto esto y mientras no sufra al tener la experiencia de esto, no aparecerá nada nuevo.
Tengo
que aceptarlo.
El
estado de recogimiento es un estado de atención recogida, una atención tan completa
como sea posible.
Ese
estado no aparecerá por una decisión de mi pensamiento de lograr algo mejor.
Es
el resultado de la visión de mi dispersión, de una carencia.
Para
verla mejor me recojo.
La
atención retenida se libera para comprometerse, en un movimiento más activo,
más cargado de intención y responder asi al deseo más profundo que hay en mí, que es el deseo de ser lo
que soy.
Se
produce un doble movimiento: un movimiento de despertar, de sensibilidad, de visión;
y un movimiento de relajación, de receptividad, que necesita profundizarse.
Los
dos movimientos se complementan.
Pero,
como esto debe ser percibido en el mismo momento —en el instante— y como todo es
continuamente incierto, esto exige una atención siempre más fina, alerta, aguda.
Sin
embargo, hay un momento en que parece producirse una fusión.
Se
establece una gran tranquilidad, como un silencio.
Para
encontrar ese estado recogido, la sensación, el pensamiento y el sentimiento deben
interiorizarse y encontrar un tempo común
en el
cual no se dividan ni se desconecten tan fácilmente.
Sin
ese acuerdo previo,
nada puede hacerse.
Ninguna
atención consciente puede aparecer.
Mientras
mejor sea el acuerdo, mejor y más justa será la acción, pues hay una visión de
sí mismo y de la respuesta a ser expresada que toma en cuenta todo.
Debemos
comprender que el estado no recogido es normal cuando no se tiene aún la
concentración necesaria.
Hace
falta repetir y repetir para llegar a ese estado recogido.
Sólo
la repetición permitirá disminuir el tiempo de la preparación y aumentar el tiempo disponible para la
práctica.
Hay
un ejercicio especialmente creado para aproximarse a un estado recogido.
Comienzo
por ver con toda mi atención que estoy rodeado de una atmosfera aproximadamente de un metro.
Esa
atmosfera se
desplaza de acuerdo con los movimientos del pensamiento.
Concentro toda mi atención
en evitar que la atmosfera se escape fuera de esos límites.
Entonces
la atraigo conscientemente hacia mí como si la succionara.
Siento
en todo el cuerpo el eco de «Yo», y me digo «Soy».
Tengo
la sensación total de ser.
jeanne de salzmann
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