SER ESPIRITUALIZADO
Las fuerzas que hoy nos hacen actuar tienen un poder de
vida muy limitado.
Las ondas de sus vibraciones disminuyen rápidamente.
Son vibraciones de inercia.
La energía puesta en movimiento está poco cargada por la
«voluntad de ser» y es incapaz de transmitir esa voluntad.
Un llamado que viene de lo profundo de nosotros mismos
está siempre allí.
Se vuelve cada vez más insistente.
Como si la presencia de una energía diferente pudiera ser
escuchada, demandara una relación.
En el estado de no movimiento, en calma, la relación se
establece mejor.
Esto pide abrirse a una densidad interior diferente, a
una diferente calidad de vibración.
La sensación es la percepción de esa calidad.
Necesito sentir la Presencia de lo espiritual en mí, que
el espíritu penetre la materia y la transforme.
Necesito ese mismo acto, ser espiritualizado.
La acción creadora de la fuerza de vida sólo aparece
donde no hay tensiones.
Es decir, en el vacío.
Si quiero desarrollar mi ser, debo Ilegar a un punto
donde no haya tensiones, que percibo como el vacío, lo desconocido.
El vacío de mi ego.
Es algo que no conozco, mi esencia.
Lo percibo como un vacío porque lo fino de las
vibraciones va más allá de lo que conozco de mi densidad habitual.
En ese momento toco la voluntad de ser, al querer
ser lo que soy, que no depende ni de la forma ni del tiempo.
Me siento en una densidad diferente que se vuelve más fina
en la medida en que las tensiones se disuelven.
Empiezo a comprender lo que es una sensación pura, que
aparece cuando mi pensamiento está libre, sin imagen.
Bajo esa visión, mi cuerpo se suelta.
El relajar se hace por sí mismo en la medida en que mi visión se
hace más clara.
Esa sensación es la primera señal de obediencia a algo
más grande.
No puede ser consciente sin que yo esté voluntariamente
pasivo.
No es mi yo ordinario quien lo hace.
No es ese yo el que busca manifestar su fuerza; mi fuerza es de
otro tipo.
Si no es verdad, si no lo reconozco sinceramente en el
momento en que trabajo, no lograré liberarme.
Necesito reconocer una fuerza más elevada, un
Maestro, y sentir su autoridad.
Esto ocurre cuando el yo, el ego, deja de crear sus
propios movimientos.
Entonces aparece una energía de una calidad muy especial
que es irresistible, con un poder que todo lo puede
mientras sea percibida y obedecida.
Con todas las tradiciones podríamos dar el nombre
de «amor» a esa energía si supiéramos lo que es el amor.
La sensación consciente es el primer paso hacia esa
fuerza.
Para ir hacia esa sensación consciente, una verdadera
sensación de lo que es, se necesita un pensamiento nuevo, un pensamiento libre de sus
creencias, de su saber y hasta de su experiencia pasada.
Un pensamiento que ve a la vez todas las contradicciones, el
caos, y al mismo tiempo es capaz de mantenerse absolutamente inmóvil
y tranquilo.
Siento mi cuerpo enteramente pasivo, como si no
existiera.
Ese estado de pasividad mantenida es mi primer poder sobre el
cuerpo.
Es la señal de la participación de una energía nueva en
mi Presencia.
No dejo que mi atención sea tomada por ninguna tensión:
ni contracción, ni pensamiento ni emoción.
No tengo sino una meta en la cual todos mis
centros participan: percibir las vibraciones más finas hasta que yo sea capaz
de discernir su calidad.
La sensación consciente de sí misma pertenece a la encarnación.
El espíritu se materializa y toma una densidad definida,
se vuelve carne.
Tener la experiencia de una sensación pura en el cuerpo
físico puede llevar a una experiencia espiritual.
Penetramos en el mundo de las vibraciones, de las sustancias
finas.
Es mi cuerpo, claro está, es una energía, una
vida que está en mí.
Pero las percibo como una sola cosa.
¿Es esto posible?
Ante esa pregunta, no puedo ni negar ni afirmar nada y
surge el sentimiento de lo real, de lo verdadero.
jeanne de salzmann
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