UNA VIBRACIÓN
COMPLETAMENTE DIFERENTE
Soy
atravesado por fuerzas que vienen de todos los mundos, desde las más pesadas hasta las
más altas, las más puras.
Y
no lo sé.
No
las siento,
no las sirvo.
Para
eso debería tomar conciencia de mi ser completo.
Siento
la necesidad de dejar caer las barreras que me separan de las partes esenciales
de mí ser.
Hay
un estado de insuficiencia, de insatisfacción, que se instala.
Y
no es comprendido.
Se
instala sin que se formule una pregunta real sobre su fuente y sin que el sentimiento de sí sea
fuertemente atraído sobre ese punto.
En
lugar de la visión justa del estado que atrae hacia ese lugar una atención nueva, se desata la reacción
y, en vez de una penetración aguda del hecho real, la mente ordinaria se defiende y reivindica lo que ella
misma no aporta.
Permanece
pasiva, perezosa, rutinaria, y critica, juzga y condena lo que ve a través de los límites de su inercia.
No
aporta nada de constructivo ni de creador.
No
comprendo
ni la naturaleza de esa insatisfacción, de esa insuficiencia, ni la naturaleza de la
reacción.
El
valor de la reacción no se pone en duda.
El
sentimiento no cambia.
No
puede cambiar, porque el ser, mi ser, no se siente concernido en su totalidad.
El
ego se hace cargo de esa insatisfacción, que es sin embargo la señal de una necesidad de crecimiento, de expansión
de la conciencia.
Cuando
soy tocado por un acontecimiento que ocurre en una escala mayor, me doy cuenta
de que existe una realidad más allá de mi manera de ser habitual, una energía inasible, más allá de
las tensiones y distensiones que conozco.
Me
veo vacilar entre tensiones de toda clase: intelectuales, emocionales, físicas; asi como de las
distensiones, voluntarias o no, que les siguen.
Sin
embargo, nunca veo la tensión como tensión, en el momento mismo.
Sólo
veo el resultado que se produce en ella: la palabra, la imagen, la forma que ella produce, el movimiento a favor o en
contra de la emoción con sus ondas, en una escala limitada.
Pero
la tensión misma, el movimiento de la energía, no lo veo.
Soy
victima de él.
Y
como esas tensiones y distensiones son lo que llamamos nuestra vida, lo que nos da la
impresión de vivir, estamos apegados a ellas con avidez.
Nos
parece que todo se derrumbaría si nos llegaran a faltar.
Pero
esos movimientos me esconden algo que es más real, que no veo porque mi interés, mi
atención, estan tomados.
¿Cómo
saberlo?
Cuando
nuestra atención es puesta sobre nosotros, tomamos conciencia de tensiones en
todo nuestro cuerpo.
Pero
esas tensiones pueden ser experimentadas, no como una materia que se endurece, sino como vibraciones de todas
clases, que tienen, cada una, su propia velocidad, su propia densidad y su sonido propio.
Así,
un movimiento, una tensión, podrían ser experimentados como sonido o luz que
produce
una corriente más o menos magnética.
Nuestras
vibraciones son muy caóticas y retienen nuestra atención en la oscuridad.
Sin
embargo, incluso
cuando estoy tomado por esas vibraciones, sin poder zafarme de ellas, presiento,
siento sobre mí, como detrás de ellas, la acción de una vibración completamente
diferente en su intensidad.
Ésta
es más sutil,
y me cuesta ponerme en sintonía con las vibraciones demasiado lentas e incoherentes que
me retienen.
Hay
en mí, sin embargo, algo que responde a esto.
Siento
una influencia más luminosa, más inteligente y clara que mi conciencia habitual, y siento el
deseo de obedecer a esa influencia, de servirla.
Para
ponerme a tono con ellas me hago más sensible.
Mis
tensiones son inútiles, hasta molestas; se caen por su propio peso.
Me
vuelvo permeable, como si todas mis partes se entonaran con la longitud de onda de esa vibración sutil.
El
esfuerzo esencial es siempre la percepción de mí, la conciencia de mí.
Todo
está relacionado con eso: tocar mi esencia.
Lo
que contiene
la energía es temporal.
La
energía es permanente.
Lo
reconozco en
la inmovilidad cuando, con una atención pura, una especie de sexto sentido, me desprendo de
las reacciones, de las asociaciones que falsean mi visión de lo real.
Necesito
una actitud consciente, un impulso que venga de los tres centros, para tocar mi esencia, la
corriente de vida en mí.
Si
me mantengo allí, recibiendo una impresión, veo mi reacción y no me pierdo
del todo.
Esa
experiencia es lo que pudiera ser estable, un nuevo centro de gravedad en mí.
Es
allí donde tengo que mantenerme, allí está el único trabajo.
Nace
entonces una sustancia que es la sustancia de un segundo cuerpo.
jeanne de salzmann
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