LA FUENTE DE MANIFESTACIÓN
Necesitamos conocer esa fuerza de vida siempre presente
en nosotros y sentir su presencia como una fuente continua de manifestación.
Pero no tenemos ningún contacto, ninguna relación con
ella.
No conocemos la fuerza de vida.
No nos sentimos comprometidos.
Para conocerla, tenemos que estar presentes a nuestra
identificación.
Debemos ir hacia la manifestación y esforzarnos por ver
cuando somos tomados por la fuerza de la vida, por seguir los cambios
que se producen en nuestro estado.
Tenemos que comprometernos voluntariamente; un compromiso
que elegimos de manera consciente.
Decido comprometerme.
Debemos aceptar que algo en nosotros está siempre en
movimiento, siempre desea expresarse, manifestarse.
Esto es verdad para el pensamiento, para las emociones y
para el cuerpo.
Una especie de hambre, una avidez de estar activo,
siempre estará allí, debo aceptarlo.
¿Pero cómo participo de ella? ¿Cuál es mi
relación con ella?
Ese es el corazón del problema.
No veo al ego tras todas mis manifestaciones, no lo
conozco.
No veo el impulso que provoca esa avidez en mí —ese pensamiento
yo, yo, yo que se levanta con la más mínima emoción, con el más mínimo movimiento—,
esa constante manifestación del «yo ordinario».
Ese impulso es parte integral de mí.
Negarlo sería completamente estúpido.
Pero no conozco mi relación con él, ni cómo debería hacerse
esa relación.
No se lo que es bueno o malo en él, ni qué actitud
debería tener frente a él.
No hay nada que sea consciente.
Ni siquiera soy capaz de quedarme delante de la situación
para tratar de comprender.
Para ver mi identificación, debo aceptar como un hecho mi
impotencia, mi incapacidad para permanecer presente.
Debo experimentarla, y buscar una y otra vez
conocerla.
Para ver una fuerza hay que resistirla,
resistir a identificarse para conocer la fuerza con la cual me identifico.
Pero ¿qué significa «resistirla»?
¿Qué quiere decir el trabajo consciente de separación de las
fuerzas para tomar conciencia de ambas?
Veo que la actitud es importante en el movimiento para liberar mi
atención.
Necesito ver el cambio de actitud para estar allí y no
caer bajo la fuerza que me lleva.
Cuando estoy identificado, estoy perdido en una parte,
separado de mí mismo.
No soy consciente en absoluto.
Siempre nutro el sentimiento de mi yo ordinario, porque,
como un ciego, me adhiero al movimiento, a la vibración que me arrastra hacia fuera.
Estoy tomado en la vibración de mi actividad del
momento.
Y creo que allí está la afirmación de mí mismo.
Sin embargo, hay en mí otra vibración más rápida, más
fina, más intensa que está.
Si pudiera tener conciencia de ella, podría afirmar otra
calidad de mí mismo.
No conozco sino lo que he puesto a prueba.
Pongo a prueba el sentimiento que tengo de mí mismo.
Siento una vida en mí, soy tocado, pero esa impresión no
tiene fuerza.
Desaparece rápido.
Para que ella dure se necesita un esfuerzo.
No lo puedo mantener por largo tiempo, pero lo puedo
repetir, y puedo todavía encontrar la misma fuerza, el mismo sabor de
algo real.
Para no desaparecer tan rápido en la actividad, lucho y
busco ver lo que es necesario para estar presente.
¿Qué sacrifico yo en un momento de trabajo si no es mi propia
voluntad?
¿Quién quiere?
¿Quién es capaz de un verdadero querer, de una voluntad
que no conozco?
Debo ver cómo acepto desaparecer.
jeanne de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario