DOS CORRIENTES
Lo que somos en nuestra esencia, nuestras posibilidades
más altas, no lo conocemos.
Lo que somos en nuestra persona, el condicionamiento
implacable que nos determina, tampoco lo conocemos.
Estamos identificados con nuestra persona y no sabemos qué
relación debería existir entre nuestra persona y nuestra esencia.
Y, sin embargo, el crecimiento comienza cuando
aparece en nosotros la capacidad de conocer, de comprendernos a nosotros
mismos.
Debo saber que tengo una doble naturaleza, que en mí hay
dos fuerzas: la fuerza descendente de la manifestación y una fuerza ascendente que
regresa a la fuente.
Debo experimentarlas aquí, al mismo tiempo, para
conocerme como un todo.
Debe haber una razón por la cual estoy aquí, la necesidad
de una relación entre las dos.
Es el sentido de mi Presencia.
En cada evento de la vida —ya sea de la vida familiar, de
la vida profesional o de la vida interior— se produce un doble
movimiento de involución y de evolución.
La acción está dirigida hacia una meta, hacia la
manifestación, pero detrás hay algo que no tiene esa meta, que no se
proyecta hacia afuera, pero que asciende de regreso a la fuente.
Esas dos corrientes son indispensables una para la otra.
En teoría sabemos que las dos corrientes existen, pero no
tenemos una verdadera conciencia de ello.
La corriente ascendente no la conozco lo
suficiente; no tengo en mí, aquí, en el momento deseado, los elementos que me
permitirían sentir su vida, sentir mi vida.
La otra corriente tampoco la conozco, ya que estoy ciegamente
inmerso en ella.
Sin embargo, sin la visión de ambas corrientes, el deseo
de estar presente en un lugar dado, en un momento dado, no tiene
sentido.
La visión constante de esas dos corrientes permite ver el
punto de aplicación de la atención y de la voluntad, la voluntad de no
perderme.
Con mi atención hoy en día no puedo estar consciente de
dos movimientos simultáneos en direcciones contrarias.
Estoy tomado por uno e ignoro al otro, o me le opongo.
Sin embargo, debo aceptar que las dos
corrientes determinan mi vida y que tengo dos naturalezas en mí mismo.
Debo aprender a ver mi naturaleza inferior y recordar, al
mismo tiempo, mi naturaleza superior.
La lucha está en el hecho de vivir ambas
corrientes a la vez.
Necesito tener una impresión consciente de esos
dos aspectos de mí mismo, primero, independientemente y, luego, simultáneamente.
Una naturaleza debe servir a la otra.
¿Pero, qué es servir?
Debo encontrar mi puesto real y aceptarlo.
Soy yo el llamado a estar aquí, debo ver que si no sirvo,
sólo sirvo a mi yo ordinario y voy hacia la destrucción de lo que soy
verdaderamente.
Entonces, entre esas dos corrientes no hay nada, no hay
nadie.
Lo que es importante es que las dos corrientes se puedan
establecer en mí, con una relación definida de la una hacia la otra
y que ésta sea mantenida.
Hasta ahora, sólo la corriente pasiva, sin ser
confrontada, ha sido el amo de mi Presencia.
La corriente activa tiene su raíz en la voluntad de ser:
no en la voluntad en el sentido habitual, sino en el “querer ser”.
Ante todo, hay que separar ese querer, abrirle un
espacio.
Me callo, acepto estar pasivo, verdaderamente pasivo,
para que una vibración activa pueda ser percibida por mi sentimiento.
El esfuerzo que puedo hacer con mis medios
ordinarios, el único que me incumbe, es un esfuerzo de una pasividad
voluntaria, un esfuerzo consciente.
La corriente activa viene de una fuente que también está
en mí, pero que necesita revelárseme.
jeanne de salzmann
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