QUEDARSE DELANTE
¿Cómo
nos abrimos a un nivel superior?
Cuando
queda aunque sea un residuo de un concepto o de un significado intelectual, entonces no hay conciencia pura.
Necesito
sentir que la energía más fina, la más elevada que puedo conocer, no está aquí, no me anima.
Mis
energías
son tomadas y no puedo ser transformado.
No
estoy abierto a un nivel superior, a un pensar más alto.
Tengo
que sufrir esa carencia y quedarme firmemente delante de ella.
Poco
a poco, eso llega a ser más importante que cualquier otra cosa, pero hace falta que yo me
entregue y el ego siempre retoma su dominio.
Quedarse
delante de esto
es justamente un sufrimiento voluntario.
Necesitamos
reconsiderar el asunto de la actitud interior que puede conducirnos hacia una
transformación de nuestra conciencia.
Lo
que somos
hoy en día no corresponde ya con lo que fuimos hace algunos años.
¿Qué
es entonces lo que ha cambiado?
¿Que es lo que no se ha movido de sitio, sino
que, al contrario, quizás se ha endurecido?
La
parte más real de nuestro ser está oculta porque está más allá de nuestra conciencia habitual.
Sin
embargo, podemos ver la fuerza con la cual ella pide revelarse y dar forma a
nuestra vida.
Será
más o menos
fuerte, más o menos reconocida o aceptada.
Pero
es un hecho.
No
somos ya los mismos.
Esto
es lo que ha cambiado en nosotros.
Pero
lo que no ha cambiado es que nosotros no asumimos responsabilidad ante ello.
No
tenemos una actitud consciente ni una manera
de ser.
No
tomamos ese estado seriamente, ni vemos sus peligros.
Estamos
delante de una verdadera pregunta: por una parte, la posibilidad de un contacto
y de una unidad con lo esencial de nuestro Ser; y por la otra, la defensa de nuestro yo ordinario, que
tiene miedo de sufrir y de ser eliminado.
Ante
esa situación, nos acobardamos.
Posponemos, discutimos,
reclamamos y no llegamos a ser independientes.
Sin
embargo, estamos maduros para esto.
Estamos
en una encrucijada que puede ser a la vez para nosotros una oportunidad y un riesgo.
Porque
nada
es más fácil para mí que dejar de verme tal como soy.
Por
una parte,
vivo con la preocupación continua de mi bienestar, con el deseo de satisfacer toda la avidez
de mi yo ordinario, y por otra, ésta aspiraci6n cada vez mayor que me deja un sabor de remordimientos.
No
soy libre.
No
estoy disponible.
Tomo
conciencia de lo que mi inconsciente rechaza.
Pero
no me obligo, no intento disciplinarme.
No
se trata de fracasar o de tener éxito, sino de encontrarse y de ver si deseamos ser
permeables, abiertos a nuestro Ser, si lo deseamos.
Esto
nos permite soltarnos de una manera natural, justa, que permita una liberación.
Supero
las recriminaciones de mi yo ordinario.
Todo
mi
ser depende del sentimiento que tengo por esa fuerza en la que reconozco el poder de la
presencia en mí y de mi capacidad de comunicar ese sentimiento a todos mis centros.
Si
ellos se integran a esa fuerza, entonces se crea una unidad, un todo que se
mantiene compartiendo
la misma vida.
Está
vinculado con un movimiento de abandono, de soltar más profundo; un movimiento que nunca está
seguro y
que necesita ser verificado constantemente; un movimiento que es el signo de un
acto de amor y no de un derecho de poseer.
Mis
centros sienten mi actitud.
Yo
me borro.
Permito
que un movimiento
hacia la unidad se haga en mí, con su propio equilibrio, con su propia forma.
Pero
mis centros no comprenden aún su razón de ser; no saben a qué deben servir.
En
cada parte, aparece siempre, de una manera subyacente el movimiento automático habitual que echa la
energía hacia afuera.
Necesito
de esa experiencia, de esa confrontación entre los dos movimientos, y eso
depende de la fuerza de relación de mi atención.
Estoy
ante una ley, hay en mí la posibilidad de un nuevo estado de ser.
Pero
solo conozco sus fluctuaciones, porque no lo aprecio verdaderamente, no quiero y no amo
verdaderamente la realidad que presiento y que me toca en ese momento.
jeanne de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario