EL PRIMERO Y EL
SEGUNDO CHOQUES CONSCIENTES
En
la octava que sube hacia la conciencia, el recuerdo de si es el choque necesario para llenar
el intervalo entre “mi” y “fa”: el primer choque consciente.
Esto
trae una fuerza que sólo puede ser aportada por la voluntad.
Uno
debe hacerla crecer, grado por grado, etapa por etapa.
La
corriente de energía en la que vivimos nos mantiene en un nivel donde la energía es
tomada por las continuas reacciones.
Esto
ocurre porque
nuestros centros no estan relacionados.
Sin
relación no hay sino reacciones y la energía no es transformada.
La
energía sólo se transforma en relación con una energía superior.
La
relación es indispensable, una relación consciente y contenida.
Pero
el estado, el nivel de energía de nuestro pensamiento y de nuestro cuerpo, no nos permite
recibir la acción de esa energía superior.
Es
como si no existiera.
Es
el yo ordinario el que no permite esa
relación.
El
material de mi
pensamiento mantiene su autoridad e impide que cese el movimiento automático.
El
cuerpo no está suficientemente tocado.
Un
sufrimiento
es necesario para provocar ese paro.
Es
necesario sufrir para que una tercera fuerza aparezca.
Entonces
la atención se vuelve voluntaria, para no ser tomada, para quedar libre.
Siento
en el instante mismo la necesidad de una libertad para ser; experimento una voluntad de libertad.
El
grado de esa voluntad de la atención produce la apertura del cuerpo a una energía más fina.
Todo
depende de esa apertura.
Necesito
sentir esa energía con la misma fuerza en mi mente y en mi cuerpo.
Mi
atención necesita durar y no disminuir.
Todos
los centros estan involucrados.
Si
uno de ellos llega a «fa», puede conducir a los demas a esa nota.
Todos
deben estar delante del intervalo para que la intensidad de vibración aumente.
La
relación entre
los centros es el choque necesario para llenar el intervalo que nunca será franqueado sin
esto.
Al
trabajar sobre la relación entre los centros, aparece una fuerza y uno siente entonces una
vibración que abre la puerta a un nivel diferente.
Al
avanzar más aún en la octava, la cuestión del segundo choque consciente sólo puede
aparecer cuando he estado consciente; es decir, conscientemente presente durante un tiempo suficientemente
largo.
En
ese esfuerzo de Presencia, mi sentimiento se calienta y se transforma.
Se
purifica, y mis emociones se vuelven positivas.
Pero
mi presencia
no permanece, mis emociones vuelven a caer y a ser las que son habitualmente.
Eso
que observa, lo que vigila, no tiene voluntad.
El
intervalo entre «si» y «do» es muy dificil de pasar.
Busco
estar presente a eso que yo soy, pero no lo siento.
Eso
no me
toca.
Siento
mi incapacidad de sentir: que no tengo el sentimiento ni la energía que me
permitirían tomar conciencia de mí.
En
este conflicto aparece una emoción distinta de mis emociones
habituates.
Me
pregunto sobre mí mismo.
Me
exijo estar allí para hacer que mis funciones me obedezcan.
Se
me pide una voluntad; se revela la necesidad de una voluntad.
Siento
que no tengo esa voluntad; pero la puedo Ilamar.
Tengo
que querer, ya que yo soy.
Este
segundo choque —un choque emocional— cambia todo el caracter de la persona.
Cuando
podemos recordarnos, estar abiertos a nosotros mismos por un tiempo
suficientemente largo, somos puestos a prueba por la intervención de un yo
subjetivo ante las manifestaciones de otras personas hacia nosotros.
Tan
pronto como la impresión recibida es incorporada por la mente, yo reacciono.
Es
con esa reacción que se manifiesta en mí el egoísmo.
Me
identifico con la forma proyectada por mi mente.
Necesito
ser confrontado, estremecido, por la visión de esa reacción egoísta de
defensa de mi ego que tiene miedo de ser negado.
Para
liberarme, tengo que experimentar ese miedo, vivirlo completamente, con todo lo
que él trae consigo.
Con
un segundo choque consciente es entonces posible que la conciencia se abra y que
veamos la verdad.
Es
una comprension emocional de la verdad.
En
ese momento, mi emoción ya no es la misma; no hay en ella nada cerrado, ninguna negación.
Yo
no niego, yo no acepto, y con esa vigilancia que no escoge, aparece un nuevo sentimiento y una nueva
comprensión que no nacen de los contrarios.
Es
un
sentimiento que lo abarca todo, un sentimiento de unidad, un sentimiento de
ser.
Soy
transformado, y en ese estado diferente, el sentimiento de ser permite que
un orden nuevo aparezca.
jeanne de salzmann
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