VER ES UN ACTO
La
pregunta no es qué hacer, sino cómo ver.
Ver
es lo más importante.
Trato
de darme cuenta de que esto es verdaderamente un acto, una acción que trae
consigo algo enteramente nuevo.
Esa
posibilidad nueva
aparece durante el acto mismo, dándome una visión, una certeza, un conocimiento, y
desaparece apenas el acto cesa.
Es
sólo en el
acto de ver que encontraré cierta libertad.
Mientras
no haya visto la naturaleza y el movimiento de la mente, creer que pueda estar
libre de ella tiene poco sentido.
Estoy
esclavizado
por mis pensamientos mecánicos.
Esto
es un hecho.
No
son mis pensamientos
los que me esclavizan.
Es
el hecho de engancharme a ellos.
Para
comprenderlo, no busco liberarme antes de haber sabido lo que es la esclavitud.
Necesito
ver ese hecho, la ilusión de las palabras y de las ideas.
Mi
pensamiento debe sentir su miedo de estar sin apoyo, su miedo de estar solo sin nada conocido.
Y
hay que vivir ese hecho, vivirlo instante tras instante, sin escapar de él.
Entonces,
comenzaré
a percibir una nueva manera de ver.
¿Puedo
aceptar no conocer mi nombre?
¿Puedo
aceptar no saber quién soy, estar oculto detrás de una impostura?
El
acto de ver no depende del pensamiento.
Viene
del choque que recibo en el momento en que, al sentir la necesidad de ver, de comprender
lo que es verdadero, me doy cuenta de la incapacidad de mi pensamiento para percibir
la realidad.
Para
comprender lo que soy en ese momento, el estado de mi ser, necesito de una sinceridad, de una humildad, de un
despojamiento que no conozco; esto querría decir no rechazar
nada, no excluir nada, y entrar en la experiencia de descubrir lo que pienso, lo que siento, lo que deseo en el
instante mismo.
Lo
importante es desarrollar una visión, un pensamiento, que esté más allá de nuestro
pensamiento condicionado, de la mente que busca siempre una respuesta.
Es
necesario liberar cierta energía más allá del pensamiento habitual.
Necesito
experimentar que «no sé», sin buscar una respuesta, y abandonar todo para entrar en lo desconocido.
Entonces,
ya no será la misma mente.
Se
pondrá en movimiento de una manera nueva.
Habitualmente
escojo relajarme antes de saber por qué.
Pero
si quiero comprender mejor, no escojo de antemano. Sólo tengo necesidad de la
visión, sin escogencia, sin idea preconcebida.
Aprendo
a purificar mi poder de visión, sin evitar las cosas indeseables o fijándome en lo
que me es agradable.
Aprendo
a quedarme delante y a ver claro.
Todo
tiene la misma importancia y no me fijo sobre nada.
Todo
depende de mi visión; es una mirada que no viene de un orden impuesto por mi
pensamiento, sino de un sentimiento de urgencia por conocer.
La
percepción, la visión, es el intervalo entre la vieja y la nueva respuesta.
La
vieja respuesta es la que está inscrita en la memoria que responde a la
recepción de la impresión.
En
la nueva respuesta, el cerebro se mantiene abierto en obediencia, sin el pasado.
Es
un nuevo
cerebro que actúa, es decir, células diferentes y una nueva inteligencia.
Cuando
mi pensamiento se siente incapaz de comprender, cuando su movimiento no produce nada, uno está abierto al
sentido de lo cósmico, más allá del mundo de la percepción humana.
jeanne de salzmann
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