LLEGAR A SER UN
RECEPTÁCULO
Mi
atención no es libre.
No
tiene una dirección consciente.
Estoy
frente
a esto y porque lo siento, siento la necesidad de abrirme, y porque la veo, mi cuerpo se
abre.
Mi
pensamiento permanece abierto a ella.
Es
un movimiento de acercamiento.
Mi
atención se intensifica.
Dejo
que el movimiento gane fuerza.
Súbitamente
siento que una energía nueva ha aparecido en mí; proviene de mucho más arriba y me atraviesa.
Siento
que soy el instrumento a través del cual ella puede actuar.
Sin
embargo, yo no la dejo actuar.
Estoy
demasiado tenso y quiero actuar por mí mismo.
Quiero
superar la prisión de mi yo ordinario; saberme animado por la fuerza de vida en mi que es única.
Para
que
ella pueda actuar, todas mis partes, todos mis centros de energía, tendrían que tener una
sola meta: la de cooperar para alcanzar la unidad con esa corriente que
viene de los centros superiores.
Toda
la energía en mí está como contenida en un circuito cerrado.
No
cerrado por un esfuerzo impuesto, sino cerrado en un todo por esa relación de las diversas partes de mí
mismo.
Necesito
llegar a ser un receptáculo, después de conocer los canales a través de los cuales pasa esa vida en mí.
Para
que las fuerzas de arriba puedan ser absorbidas e influenciar una sustancia más espesa,
más densa, se requiere de un circuito nuevo, de otro voltaje, capaz de electrificar la totalidad.
Esto
exige una corriente
de sentimiento más pura en la cual no entre la materia de mis emociones subjetivas
habituales; un estado de atención intensa que solo aparece cuando sinceramente
veo que no sé nada.
El
hecho de reconocer
que no veo nada, y de aparecer para ver, hace más lento mi automatismo y por un
segundo veo lo que él me esconde y lo veo a él mismo.
Veo
el círculo subjetivo en el cual mis pensamientos y mis emociones dan vueltas, y
veo más allá.
Me
siento el centro de un doble movimiento.
Un
movimiento de unificación que es como una vía de acceso a una fuerza más
pura; y un movimiento de soltar en el cual esa fuerza puede ser absorbida.
Esos
dos movimientos se completan el uno al otro.
Es
la fluidez de la vida.
En
un momento de tranquilidad y de recogimiento todavía mayor, la vida hace que
yo sienta su acción en mí.
Percibo,
a través de mi sensación, vibraciones de otra calidad.
Penetro
en el mundo de las sustancias finas.
Eso
crea una especie de campo magnético que refleja la energía de donde proviene una conciencia más alta.
Es,
sobre todo, un aporte de energía de un orden emocional diferente.
Para
reconocer la verdad de esa Presencia inmaterial que está en mí, necesito estar
disponible para ella de una manera completa, total.
Siento
que
esa es hoy día mi utilidad, mi razón de ser.
Para
eso busco comprender mejor el estado en el cual yo pueda estar completamente pasivo y, sin embargo, muy
despierto.
Tengo
que encontrar un equilibrio entre esa intensidad de presencia y esa relajación
cada vez mayor, como si sintiera vivir en mí otro cuerpo.
Para
estar despierto a él, para tomar conciencia de él, necesito una postura recta, una actitud justa;
mantenido y afincado en mi centro de gravedad interior que me sostenga y me mantenga en
equilibrio.
Hay
que abrirse a ese centro de gravedad, al centro vital, el lugar donde se hace el
contacto con la fuerza de vida; sentir allí el centro de nuestras fuerzas, la
fuente de donde ellas surgen y adonde ellas regresan de manera completamente natural.
Cuando
permito que la energía descienda y se acumule en el abdomen, conservo la sensación libre de mi Presencia.
Mientras
que cuando dejo que se acumule en el plexo o en la cabeza atento contra su libre y plena expansión.
Mi
centro de gravedad es el punto central entre un movimiento descendente y un movimiento ascendente.
No
es ni el corazón ni la cabeza, pero les da tal libertad que permite una
fusión con los centros superiores.
Una
postura justa exige también una respiración justa, y un tono muscular justo en el cual
la energía pueda circular sin obstáculos por los canales que le son propios.
Cuando
hay un equilibrio entre la tensión y el movimiento de soltar, tengo la impresión de que la fuerza circula por canales que
no conozco.
Pero
siento que el movimiento de recogimiento es dirigido por una especie de respiración que es como la conjunción de
esos movimientos de energía que vienen a fundirse y disolverse en el cuerpo.
jeanne de salzmann
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