PARA DESARROLLAR
LA FUERZA CONSCIENTE
La
observación de sí es la función del amo.
Por
el momento, no tenemos más que una atención, dirigida ya sea sobre el cuerpo,
ya sea sobre la cabeza o el sentimiento.
Con
la voluntad del hombre número 1, 2 y 3, y con toda la concentración posible, sólo podemos controlar un centro.
Sin
embargo, podemos hacer un esfuerzo y la observación fortalece la atención y aprende a concentrarse
mejor.
Uno
puede
entonces recordarse de sí mismo y, si uno trabaja esto concienzudamente, puede
ver lo que hace falta.
Hay
dos clases de acción: la automática y la voluntaria.
Querer
es lo
más importante y lo más poderoso en el mundo, porque permite tener una acción que no
es automática.
Podemos,
por ejemplo, tomar algo que deseamos hacer, que no somos capaces de hacer, y
volverlo nuestra
meta, sin dejar que nada se interponga.
Es
nuestra meta única.
Si
uno “quiere”, uno puede.
Sin
querer jamás se podrá.
Con
un querer consciente, todo puede ser obtenido.
Necesito
desarrollar una atención voluntaria, es decir, una atención consciente, una
fuerza más grande que mi automatismo.
Necesito
sentir
su falta y tener una atención activamente puesta sobre mí, sobre mi estado, sobre la
relación entre mi pensamiento y mi cuerpo.
Siento
que
ese querer no es mi voluntad habitual, viene de un sentimiento nuevo, desconocido.
Una
fuerza consciente no puede ser automática.
Solo
una atención voluntaria, ese movimiento consciente, que es la apertura a una
fuerza superior, tiene el poder de superar el automatismo; ese movimiento
consciente, por tanto voluntario, tiene el poder de superar el automatismo.
Pero
para eso la atención debe estar siempre ocupada voluntariamente.
Ella
puede ser más o menos fuerte, puede disminuir, pero apenas cesa de ser voluntaria, es
tomada.
Yo
vuelvo a
ser fragmentado, y el automatismo recomienza.
La
apertura a una fuerza superior debe llegar a ser constante.
Aprendo
a tener una sensación continua de mí... al caminar, al trabajar.
Mi
atención está completamente ocupada.
Todo
el tiempo siento y vuelvo a sentir mi Presencia y al mismo tiempo aparto las asociaciones; mi atención
no les permite invadirme.
Tengo
la sensación
y el sentimiento de mi Presencia, la atención está sobre la sensación.
La
cabeza vigila, la atención está ocupada totalmente en mi experiencia.
No
me represento nada con palabras o imagenes.
La
visión
es lo más importante.
Ella
sostiene la relación y permite que se forme la energía.
El
cuerpo rechaza su manifestación automática porque siente la calidad de esa fuerza.
Se
somete a ella para recibir su acción y permitir que se intensifique.
Hay
una lucha: una fuerza debe tomar la autoridad y la otra debe aceptarlo.
Todo
lo que está disperso se concentra.
La
atmosfera se recoge por si misma.
Hay
entonces una sensación definida y en cierto momento me siento animado por una energía nueva, un
sentimiento de ser.
jeanne de salzmann
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