MI FORMA VERDADERA
Tenemos que alcanzar a tener un orden interior, una forma
interior.
Para esto, la forma del cuerpo debe ser controlada.
En un cuerpo cuya forma esté controlada, la forma
interior puede establecerse.
Cuando trabajo sentado, no me permito hacerlo sin
establecer un orden en torno a mi centro de gravedad.
Me pongo derecho, con un equilibrio suelto y sin tensión.
No es una relajación física la que busco, sino
abandonar este ego persistente; que está siempre ávido de tener la
autoridad y que aún no ha reconocido a su amo.
No sólo debo sentarme en una postura diferente, debo sentarme
también como una persona diferente.
Cuando estoy en mi centro de gravedad, no hay un ego
que me aprisione.
Lo que es necesario comprender ante todo es un
movimiento hacia la base para volver a sumergirme en la fuente de
mi vida.
Necesito regresar constantemente y someterme a la
fuerza de una vida única de la cual soy parte.
Necesito dejar que emerja la realidad del Ser, dejar que la unidad
de lo que soy se cree en mí.
Repito el soltar de mis tensiones, de mi pequeño yo
ordinario que se desplaza todo el tiempo, y al que no le gusta ser
parte del todo.
El pecho, los hombros..., todo está relajado.
La concentración de fuerzas en el abdomen sostiene todo
el torso.
Todo es sometido a la ley de ese orden interior.
Llego a un silencio y a una unidad en mi.
Me doy cuenta de que para que mi ser emerja del
silencio, hace falta una sensación que sea realmente igual en todas
partes; una unidad de vibraciones, hasta que un estado sin olas pueda
aparecer.
Entonces, me siento como elevado, liberado de mi forma y
mis tensiones habituales que expresan el yo.
Estoy más allá de él: en mi forma verdadera.
Siento una fuerza, libre de todo temor.
Ya no tengo miedo de perderme a mí mismo. Yo soy.
Esta fuerza es irresistible.
No es mi fuerza, pero yo estoy en ella.
La fuerza y yo somos uno, con tal de que yo obedezca su
ley.
Esto significa adaptar todas mis actitudes interiores y exteriores.
Si no puedo practicar primero y luego transformar mis actitudes,
todas las experiencias ligadas a mí ser se detendrán en cuanto la
experiencia se termine y de nuevo caeré bajo el poder del ego, mi
tirano.
Cada tensión trae consigo la necesidad de una relajación,
y cada relajación, la necesidad de una tensión.
Tras esta ley, para seguir siendo uno, el todo está en juego.
Su equilibrio está en tela de juicio a cada instante.
Lo que ejercito no es mi cuerpo o mis funciones; me
ejercito a mí mismo, es el ser todo entero.
No miro a mi cuerpo desde afuera con mi intelecto.
El cuerpo es la sede de mi vida inseparable del todo, que
debe
ser percibido desde adentro.
Quiero confiar en la vida, en su poder
irresistible centrado en mi abdomen.
Busco una actitud, una manera de ser, en la cual mi centro de
gravedad sea imperturbable.
Para ello hace falta llenar el abdomen con la fuerza del
cuerpo todo entero.
Si él no esta lleno de fuerza, el cuerpo ya no tiene un
centro de gravedad y será aplastado por una fuerza exterior a él.
Perderá su sentido como portador de vida.
Los músculos debajo del ombligo deben estar ligeramente
tensos.
Esto trae una ligera concentración de fuerzas en ese lugar que
necesita ser activado por una energía que viene de todas las otras
partes.
Si mi posición es correcta, la base del tronco se vuelve sólida como una
roca.
El abdomen del cual sale una fuerza ascendente, sostiene la
parte alta del cuerpo, que queda libre.
No debe haber contradicción entre los dos.
Uno no niega al otro; son indispensables el uno para el
otro.
La fuerza de arriba desciende hacia el centro de gravedad.
Hay que tener cuidado de relajar, calmar el pecho y no
dejar que se tense.
No puede haber ninguna dualidad en el cuerpo.
El cuello es importante.
Si la cabeza no está bien sostenida, la cabeza y el
tronco se separaran en dos partes, y no tendran el mismo centro de gravedad.
No trato con un esfuerzo ansioso de hacer estas cosas una tras otra.
Trato de sentir la unidad en esta actitud, y de apreciar
esa sensación de unidad.
Entonces, toda distinción entre lo subjetivo y lo
objetivo, entre lo interior y lo exterior, es superada.
Mientras obedezca a este orden nuevo y me coloque a mí mismo
bajo su influencia, tendré una nueva forma.
Veo que el centro de gravedad es la sede de la unidad.
Cuando toda mi energía viviente está concentrada en el
centro de gravedad, me abro a una nueva esfera de conciencia.
jeanne de salzmann
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