lunes, 28 de septiembre de 2015

LAS ETAPAS DEL TRABAJO

LAS ETAPAS DEL TRABAJO

La inmovilidad es nuestra naturaleza esencial.

Es la mayor fuerza de vida.

A partir de ella, todos los movimientos son posibles.

Sólo somos una energía en movimiento, un movimiento que nunca se detiene.

Si nuestras funciones pueden estar en reposo durante uno, dos o tres segundos, ese es un descubrimiento esencial, un conocimiento de sí.

Es la transformación de la energía lo que hace que cambie nuestro ser.

Es un trabajo prolongado que implica varias etapas.

Primero, hay un estado de observación, un estado de «vigilia crítica», que equivale a una toma de conciencia interior, una fuerza que transforma: es darse cuenta de una actitud falsa.

Esa fuerza viene de la conciencia interior del cuerpo, no de la representación mental.

Es el desarrollo de una sensibilidad segura que muestra todas las faltas de un equilibrio afianzado sobre un solo centro.

La etapa siguiente es la del soltar lo que nos tiene tomados, un estado de «confianza» donde se percibe lo falso.

Al ser percibido, el impulso de soltar lo que nos bloquea ya está allí; se trata de disolver una cristalización.

Es lo contrario de «querer hacer».

Abandonamos ese estado de conciencia que transforma todo en objeto.

Eso quiere decir aceptar, dejar que se haga, sin ocuparnos de nuestras representaciones.

El predominio del Yo se manifiesta en el cuerpo.

En la respiración, el acento pasa de la inspiración a la espiración.

La tercera etapa está marcada por la toma de conciencia del Ser esencial.

Cuando la forma del Yo llega a ser permeable, todo lo que estaba endurecido se encuentra disuelto y refundido para la formación del segundo cuerpo.

Le sigue una confianza en lo esencial.

Es una nueva etapa en la que se admite el fondo sin clasificar, sin nombrar.

Esto requiere el valor de soportar ese momento cuando ya no comprendo, es decir, estar bajo la radiación del Ser y quedarse allí, arriesgando, una y otra vez, las actitudes y creencias bien establecidas.

En esa transformación, no se trata de cómo producir un estado más abierto, sino de cómo permitirlo.

La energía está allí.

No se trata de que yo la haga pasar, sino de dejarla pasar.

Si no me someto a la acción, la acción no se realizará.

De hecho, cuanto más se esfuerza uno, más estrecho se hace el pasaje, nada pasa.

Las dos fuerzas están presentes y siempre están en nosotros: una fuerza activa, una fuerza pasiva.

Lo que siempre quiere, mi cabeza, necesita quedarse pasivo.

Entonces, la atención es activa.

Aparece un sentimiento, un sentimiento que transforma todo, porque permite una relación.

En lo que soy hay una Presencia pura, un pensamiento puro.

Está compuesta de innumerables olas, pero en su naturaleza es pura, vasta, sin límites.

Se basta a sí misma.

Las olas sólo son olas, no son la energía en sí.

Soy yo quien produce las olas.

Si no hago nada para detenerlas, se detienen por sí mismas y no me molestan más.

Se tranquilizan y siento la naturaleza pura de mi pensamiento, de mi mente.

Las olas son lo mismo que la energía, pero las tomó por algo que no son.

La energía siempre tiene olas, siempre un movimiento. Pero la ola, el movimiento, y la energía son la misma cosa.

Lo importante es conocer la energía misma, pura.


Si estuviera verdaderamente presente no habría en mí ni olas ni movimientos.

jeanne de salzmann

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