domingo, 27 de septiembre de 2015

¿PUEDE CAMBIAR EL SER?

¿PUEDE CAMBIAR EL SER?

La vida ordinaria está sometida a la ley del círculo de las influencias mecánicas.

El camino del desarrollo del ser se opone a la vida de todos los días.

Está basado en otros principios, sometido a otras leyes.

Ese es el secreto de su poder y su sentido.

Sin la ayuda de un camino, de una influencia de otro orden, no es posible ningún cambio de ser.

El Cuarto Camino es un camino de la comprensión.

El centro magnético que lleva a un hombre al Cuarto Camino es diferente del centro magnético que lo Ileva hacia un monasterio, una escuela de yoga o un ashram.

Ese camino pide otro tipo de iniciativa.

Exige una mente y un discernimiento amplios, es decir, la capacidad para distinguir en sí mismo lo que es mecánico de lo que es consciente.

Requiere el despertar de otra inteligencia.

Lo que puede ser alcanzado no depende de la obediencia sino de la comprensión.

El conocimiento resultante es proporcional al estado del despertar, de la comprensión.

El Cuarto Camino comienza a partir de la idea de los diferentes niveles de ser.

Pero ¿qué es el ser?

El nivel de ser está determinado por lo que entra en la Presencia en un momento dado; es decir, por el número de centros que participa y la relación consciente entre ellos.

El nivel de ser determina todo en nuestra vida, incluyendo nuestra comprensión.

Mi ser actual no está unido.

Está disperso y por tanto sin conciencia.

¿Puede cambiar el ser?

¿Puede mi ser volverse diferente de lo que es hoy en dia?

Es aquí donde comienza la idea de la evolución, del trabajo.

El primer cambio está en reconocer que mediante un cierto esfuerzo puedo experimentar un momento de Presencia más completo.

Entonces me daré cuenta de que la mínima diferencia en el nivel de ser abre nuevas posibilidades de conocer y de actuar.

Mi ser es lo que yo soy.

Si no me conozco tal como soy, no conozco mi ser tal como él es ahora.

No creo que tenga la necesidad de pasar por este conocimiento.

Pero a menos que adquiera toda la comprensión posible en el nivel donde estoy, no podré recibir más, no podré comprender más.

Al mismo tiempo, debo reconocer que la comprensión sólo cambia poco a poco.

Un momento de nueva comprensión aporta un cierto conocimiento, pero ese conocimiento es insuficiente para transformar mi ser.

Me permite ver que en mi estado actual de ser soy incapaz de recibir más y solamente puedo tener en cuenta el paso siguiente, el más inmediato.

Por ejemplo, si me doy cuenta de que estoy disperso y no unido, es ese el paso sobre el que tengo que trabajar.

Sólo cuando haya comprendido realmente ese paso, me será posible, en un estado de recogimiento, ver el siguiente paso hacia el sentimiento de toda mi Presencia.

El cambio de ser se hace a través de la transformación.

En la analogía de Gurdjieff, la mezcla de polvos metálicos puede transformarse en un compuesto químico mediante un proceso de fusión.

Para ello, se requiere una clase especial de fuego: el calor producido por la “fricción” que resulta de la lucha interior entre el “si” y el “no”.

La composición química que se obtiene corresponde al segundo cuerpo, a la formación de un yo entero e indivisible que es “individual” en el sentido de que puede resistir a las influencias exteriores y vivir su propia vida.

Ese compuesto químico puede entonces, mediante un cierto trabajo, sufrir otro cambio.

El Cuarto Camino es para vivirlo, para experimentarlo, no simplemente para pensarlo y creerlo.

Las ideas que nos aporta Gurdjieff contienen un conocimiento de un nivel superior que debemos vivir para poder comprender.

Pero ese conocimiento está cifrado, encriptado, tiene un código.

Eso significa que una persona que hable sobre el trabajo o trate de transmitir ese conocimiento puede no saber realmente lo que dice.

A menos que seamos capaces de vivir las ideas y descifrar su código, ese conocimiento resultará siempre deformado.

Será utilizado para otros fines y provocará resultados contrarios a su sentido original.

La exigencia de vivir la enseñanza requiere un respeto por sus formas.

Pero uno no debe temer cambiar algunas de esas formas cuando una comprensión más exacta nos lo indique.

Ella nos pide también una cierta actitud hacia las enseñanzas tradicionales.

No deberíamos permitir que una falsa complacencia cierre nuestras mentes a otras vías.

En verdad, podemos encontrar numerosos puntos en común con ellas.

Hoy por hoy no traten de hacer comparaciones; algún día tal vez será necesario, pero primero entremos en la experiencia del camino que nos ha sido transmitido.

Los temas generales son una cosa, las etapas del camino a seguir son otra.

No juzguen con su mente antes de que la intuición, que está en el corazón de la experiencia, les aporte un conocimiento.

Aproximarse a una enseñanza diferente de la suya es algo serio, sobre todo si uno se somete a ciertas disciplinas, y eso tendría el riesgo de provocar efectos contrarios a los que buscamos en nuestro trabajo.


La cristalización en uno de ciertos elementos antes de haber sido preparado para ello es peligrosa, porque el resultado obtenido no proviene de una comprensión y no permite tener la libertad de ir más lejos.

jeanne de salzmann

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