LA FE
Hoy
me hago la pregunta: ¿Tengo fe en algo?
¿Cuándo
es que siento
fe y cuando aparece la duda?
Hay
oscilaciones continuas entre la fe y la duda, pero no logro mantener ese movimiento bajo mi mirada ni comprenderlo.
¿Qué
me falta?
Mis
pensamientos y mis emociones se suceden.
Tienen
un sentido, una razón de ser, pero no lo puedo descubrir, porque sólo son una
parte,
una pequeña parte, de mi Presencia.
Detrás
de ellos está la fuerza de vida que su aparición me esconde.
Cuando
los veo, me someto a ellos como si fuesen lo esencial.
Pero
no lo son.
Aceptarlo
teóricamente
es una cosa, pero vivirlo, experimentarlo, es otra.
A
través de una
parte, nunca puedo ver el todo, pero, si comprendo el todo, la parte adquiere su valor,
su sentido y sé por qué ella está allí.
Ahora
bien,
mi mente, mi pensamiento, necesita ver el todo.
Mientras
sea llevado
por los movimientos parciales y sea detenido por ellos, mi visión seguirá siendo
falsa.
Necesito
sentir el todo para conocer lo verdadero, lo real.
Debo
experimentarlo, debo reconocer en mí una realidad casi inasible pero de la cual,
sin embargo, no puedo dudar.
Debe
aparecer más real para mí que todo lo que conozco de mí como esencial.
En
ese
momento la fe es tocada.
No
es una fe inculcada, una creencia en un ideal, una abstracción, sino un momento de
reconocimiento de haber vivido algo que supera la percepción de mis sentidos, que conocí por un sentimiento que
supera el sentimiento de mí que es habitual.
Al
mismo tiempo, la fe no está a mi disposición.
Algo
en mí pide ser reconocido, no porque lo piense, sino porque siento su acción si quiero escucharlo.
Cuando
pienso en mí, nunca recibo la impresión de mí mismo de esa manera, porque hace falta más que mí pensar
para recibirla.
Pero
es justamente de esa impresión de la que más necesito, la que me aporta la fe,
la certeza vivida de haber superado los límites de mi yo ordinario.
¿Es
esto posible para mí?
Si
entro en la experiencia, veo enseguida que algo espero.
Pero
no hay nada qué esperar: todo está ahí.
Sin
embargo,
espero.
Espero
una sensación, es decir, algo que conozco a través de mi cuerpo.
Creo
que mi pensamiento y mi cuerpo deben hacer algo.
Cuando
me doy cuenta de ello, de pronto veo que ese acercamiento es falso y me siento
más libre.
Hace
un rato me parecía que mi cuerpo estaba por un lado y una energía por el otro.
Ahora,
porque ya
no pienso con palabras, no voy con mi pensamiento sobre uno u otro.
Tengo
una atención capaz de englobarlo todo.
Eso
me da una impresión
de plenitud extraordinaria, una impresión de vida.
Desgraciadamente,
los pensamientos y las palabras reaparecen y dudo de nuevo.
Ya
no comprendo, ya no sé.
Busco
comprender.
Que estoy sentado, lo sé.
Que tengo un cuerpo, lo
sé.
Que tengo una Presencia,
lo sé.
Que soy una partícula de
vida, lo sé.
Esta
fe actúa sobre mí.
La
escucho.
La
fe es intransmisible.
Ni
un átomo de ella puede ser dado por un ser a otro.
La
fe es el resultado de la comprensión.
jeanne de salzmann
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