sábado, 26 de septiembre de 2015

EL SENTIMIENTO PERMITE UNA RELACIÓN

Todas las posibilidades están en mí y sin embargo puedo pasar toda mi vida sin que nada cambie.
                                         
En mí existe la energía más alta, de la cual nacen todas las demás.

Es una parte de mí.

El asunto no es hacerla aparecer, sino dejarla pasar.

Mientras más me esfuerzo, más estrecho se vuelve el pasaje y nada puede ya pasar por él.

Debo aprender a someterme voluntariamente a la influencia de esa energía más alta.

Siempre hay en nosotros una fuerza activa y otra pasiva.

Pero las dos fuerzas solas no son suficientes.

No se relacionan.

Tiene que aparecer una tercera fuerza, una fuerza conciliadora, un cierto sentimiento que transforma todo porque permite una relación.

Si uno pudiera ver la acción de esa ley de fuerzas, comprendería mejor por qué es tan difícil estar presente y quedarse allí.

Estoy presente al mismo tiempo a dos partes de mí mismo, sintiendo la necesidad de una fuerza de conciliación entre las dos.

Un sentimiento nuevo debe aparecer, el sentimiento de «mí» vuelto hacia una realidad de la que participo y, al mismo tiempo, atraído por el mundo en el que vivo.

El llamado de esos dos mundos me obliga a estar presente para comprender que no puede existir uno sin el otro y que uno debería ser espiritualizado por el otro.

Una relación consciente debe aparecer.

La relación es un contacto, un contacto directo sobre el mismo nivel, con la misma intensidad.

Tengo diferentes tipos de contacto: unas veces siento, otras veces tengo la sensación, otras veces veo.

¿Cuándo hay conciencia?

No hay conciencia sino cuando la intensidad es la misma en los tres centros.

Sin embargo, la relación no puede venir del pensamiento viejo que se identifica con las imagenes y no tiene el poder de vislumbrar lo desconocido.

No puede aparecer una nueva dimensión cuando el viejo pensamiento está activo.

Cuando uno descubre la limitación, la incapacidad de ese viejo pensamiento, ese descubrimiento es la inteligencia misma.

En el momento del descubrimiento hay un movimiento totalmente diferente, que es una liberación.

Y sólo cuando funciona esa inteligencia la nueva dimensión puede operar a través de ella.

Puedo descubrir que hay una energía en mí que no está libre, que mi pensamiento moldea el estado en el que me encuentro.

En cuanto veo cómo estoy sugestionado por el menor de mis pensamientos, mi interés se despierta.

Pero debo ir mucho más allá, debo ir a la raíz, verlos levantarse.

Sin dar nada por sentado, con precaución, observo silenciosamente las causas y los movimientos de mis pensamientos y su influencia sobre todo el resto.

Esto exige una gran paciencia.

Es un esfuerzo difícil que me lleva a soltarme de todo.

En esa actitud, que proviene de un deseo profundo de conocer, de conocer la verdad, sea cual sea y no la que yo espero, descubro algo nuevo.

En la calidad de atención que está allí para mantenerme delante de lo que es, hay una Luz, hay una inteligencia; vacilo en decir un «sentimiento» porque pensamos saber lo que es el sentimiento.

Es una cualidad enteramente nueva que tiene la capacidad de conocer.

Cuando aparece, mi mente (viéndose a sí misma) abandona su autoridad y mi cuerpo, deslastrado de su influencia, se relaja.

La energía liberada encuentra su propio movimiento y mi cuerpo se somete para entrar en una relación junta hacia ella.

Ese sentimiento hacia lo que yo soy acerca lo que es visto a lo que mira.

Ya no hay un observador y un objeto.

Soy lo que mira y lo que es visto.

Cuando me abro enteramente a mi Presencia, cuando «Yo Soy», entro en un mundo diferente donde ni el tiempo ni el espacio existen.

Soy uno, un todo.

Los pensamientos cesan, la razón desaparece.

Siento el «Yo».


El sentimiento es el instrumento esencial del conocimiento.

jeanne de salzmann

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