EL SENTIMIENTO PERMITE UNA RELACIÓN
Todas las posibilidades están en mí y sin embargo puedo
pasar toda mi vida sin que nada cambie.
En mí existe la energía más alta, de la cual nacen
todas las demás.
Es una parte de mí.
El asunto no es hacerla aparecer, sino dejarla pasar.
Mientras más me esfuerzo, más estrecho se
vuelve el pasaje y nada puede ya pasar por él.
Debo aprender a someterme voluntariamente a la influencia de esa
energía más alta.
Siempre hay en nosotros una fuerza activa y otra pasiva.
Pero las dos fuerzas solas no son suficientes.
No se relacionan.
Tiene que aparecer una tercera fuerza, una fuerza
conciliadora, un cierto sentimiento que transforma todo porque permite
una relación.
Si uno pudiera ver la acción de esa ley de fuerzas,
comprendería mejor por qué es tan difícil estar presente y quedarse
allí.
Estoy presente al mismo tiempo a dos partes de mí mismo, sintiendo
la necesidad de una fuerza de conciliación entre las dos.
Un sentimiento nuevo debe aparecer, el sentimiento de «mí»
vuelto hacia una realidad de la que participo y, al mismo tiempo, atraído por el mundo en
el que vivo.
El llamado de esos dos mundos me obliga a estar presente
para comprender que no puede existir uno sin el otro y que uno debería ser
espiritualizado por el otro.
Una relación consciente debe aparecer.
La relación es un contacto, un contacto directo sobre el
mismo nivel, con la misma intensidad.
Tengo diferentes tipos de contacto: unas veces siento,
otras veces tengo la sensación, otras veces veo.
¿Cuándo hay conciencia?
No hay conciencia sino cuando la intensidad es la misma
en los tres centros.
Sin embargo, la relación no puede venir del pensamiento
viejo que se identifica con las imagenes y no tiene el poder de
vislumbrar lo desconocido.
No puede aparecer una nueva dimensión cuando el viejo pensamiento está
activo.
Cuando uno descubre la limitación, la incapacidad de ese
viejo pensamiento, ese descubrimiento es la inteligencia misma.
En el momento del descubrimiento hay un movimiento totalmente
diferente, que es una liberación.
Y sólo cuando funciona esa inteligencia la nueva dimensión
puede operar a través de ella.
Puedo descubrir que hay una energía en mí que no está
libre, que mi pensamiento moldea el estado en el que me encuentro.
En cuanto veo cómo estoy sugestionado por el menor de mis
pensamientos, mi interés se despierta.
Pero debo ir mucho más allá, debo ir a la raíz, verlos
levantarse.
Sin dar nada por sentado, con precaución, observo silenciosamente
las causas y los movimientos de mis pensamientos y su influencia
sobre todo el resto.
Esto exige una gran paciencia.
Es un esfuerzo difícil que me lleva a soltarme de todo.
En esa actitud, que proviene de un deseo profundo de
conocer, de conocer la verdad, sea cual sea y no la que yo espero, descubro algo nuevo.
En la calidad de atención que está allí para
mantenerme delante de lo que es, hay una Luz, hay una inteligencia; vacilo
en decir un «sentimiento» porque pensamos saber lo que es el
sentimiento.
Es una cualidad enteramente nueva que tiene la capacidad de
conocer.
Cuando aparece, mi mente (viéndose a sí misma) abandona su autoridad
y mi cuerpo, deslastrado de su influencia, se relaja.
La energía liberada encuentra su propio movimiento y mi
cuerpo se somete para entrar en una relación junta hacia ella.
Ese sentimiento hacia lo que yo soy acerca lo que es
visto a lo que mira.
Ya no hay un observador y un objeto.
Soy lo que mira y lo que es visto.
Cuando me abro enteramente a mi Presencia, cuando «Yo
Soy», entro en un mundo diferente donde ni el tiempo ni el espacio existen.
Soy uno, un todo.
Los pensamientos cesan, la razón desaparece.
Siento el «Yo».
El sentimiento es el instrumento esencial del
conocimiento.
jeanne de salzmann
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