EL SENTIMIENTO DE
LO QUE FALTA
En
nosotros hay una fuerza que desciende desde arriba y una fuerza que asciende desde
abajo.
Esas
energías no están relacionadas; es algo que la naturaleza no ha establecido para los seres humanos, que sin embargo
están aquí para representar un cierto papel cósmico.
El
hombre necesita relacionarse con una fuerza superior que esta en él.
Para
ello, debe ver su incapacidad, su rechazo y, al mismo tiempo, tener el deseo de estar relacionado en la
profundidad de su ser.
Cuando
la energía de la atención está orientada hacia un movimiento diferente en cada
centro, no se crea ninguna fuerza que pueda tener una voluntad propia.
Necesito
una atención diferente, una atención más pura, menos cargada de la materia de mis pensamientos y capaz de una acción sobre
los centros.
Esa
clase de atención no aparece porque sea capturada o forzada.
No
puedo forzarla, como no puedo forzar el amor.
Ella
viene cuando yo siento su necesidad.
Si
veo que
no comprendo, que pierdo el sentido de vida, que no tengo la energía suficiente,
entonces mi atención es llamada a aparecer.
Sin
ella,
jamás sería capaz de ser lo que soy.
Cuando
experimento su absoluta necesidad, la atención está aquí.
Para
ello debo experimentar el sentimiento de lo que falta, de no comprender, de no saber; un
sentimiento de insuficiencia.
Cuando
el piso está cubierto de hielo, para no caer necesito poner atención.
Veo
que en ese momento ya no puedo soñar.
La
atención aparece,
es llamada.
En
mí mismo es igual. Si no tengo interés por mí mismo, si creo que puedo tener una respuesta para todo,
si pretendo ser capaz, la atención no aparecerá jamás.
Necesito
experimentar mi nulidad o nadidad en el momento mismo, mi incapacidad de estar
presente, mi falta de interés, de deseo.
Ese
es un momento
importante, un intervalo en el que las vibraciones se debilitan y ya no tienen la
fuerza suficiente para ir más allá.
Es
un intervalo.
Veo
mi esclavitud a las funciones.
Entonces
veo que una fuerza
de otro nivel aparece, pero si ella no es empleada, mis funciones se apoderarán
de ella y yo seré aún más esclavo que antes.
Se
necesita una sumisión voluntaria, una obediencia voluntaria.
Quiero
quedarme frente a esa insuficiencia.
No
la veo lo suficiente, no la siento lo suficiente, no la sufro lo suficiente.
Sentir
lo que falta
convoca en mí una atención más activa, como si la puerta se abriera a una energía
mucho más fina que pasa por la cabeza y baja en mí, si es que el sitio está libre.
Todo
mi trabajo consiste entonces en dejar el paso libre para que ella pueda circular.
Todo
depende de mi
atención.
Si
se debilita, las funciones recuperan su poder y se llevan la energía.
Esto
me pide una atención voluntaria cuya necesidad nunca he sentido.
Veo
que la voluntad es necesaria.
Digo:
“Yo quiero ser”.
Con “yo” me abro a esa fuerza que pasa a través de mi cabeza,
de mi pensamiento; con “quiero”, experimento un sentimiento muy
fuerte que permite que la energía pase al cuerpo; con “ser” me
siento como un todo y siento entonces que una Presencia se constituye en mí.
Me
doy cuenta cada vez más de que necesito un querer
ser que venga
de lo más profundo de mí mismo, una fuerza que me de el sentido de existir.
Ese
querer me sitúa en el mundo que me corresponde y me despierta a un orden, a una relación imperiosa, que
no se hará sin
ese querer.
jeanne de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario