EL VELO SOBRE MIÍREALIDAD
La
creencia en la idea de que soy mi cuerpo tiende un velo sobre mi realidad.
Me
aferro a la forma y siempre tomo el objeto por su verdadera naturaleza,
hipnotizado por la atracción hacia la materia.
Cuando se trabaja en estar en
el momento mismo, uno siempre quiere recibir la sensación de una forma, tal vez
nueva, pero, sin embargo, una forma.
Habitualmente
la sensación de mi cuerpo, y de todo el funcionamiento relacionado con él, me
impide tomar conciencia de lo que soy en mi verdadera naturaleza.
Un
conocimiento más allá de mi imaginación habitual, un conocimiento nuevo, comienza a partir del
momento en que la noción que tengo de mí ya no está arraigada en mi cuerpo.
Debo
aceptar sinceramente que «yo» no soy mi cuerpo, mi mente o mis emociones.
Mi
Yo real no es temporal.
Mis
pensamientos, mis sensaciones, mis estados son continuamente cambiantes.
Pero
siempre estoy
allí.
Algo
no cambia.
Son
como fenómenos que aparecen sobre mí ser.
Estan
en continuo movimiento.
Sin
embargo, algo permanece inmóvil y no es afectado por el movimiento.
Mi
Yo real se queda en silencio, inmerso en mi cuerpo.
Busca
conocerse.
Y
mientras más busca conocerse, menos participa del cuerpo en el que está inmerso y más participa de la
conciencia.
La
pregunta “Yo, ¿quien Yo?” suena entonces como un eco que viene de otro mundo a
traves de mis centros superiores, para resonar sobre mis centros inferiores.
Ese
eco es lo que
puedo conocer hoy en día de otra naturaleza en mí.
Me
hago esa pregunta y me concentro, pero no para conseguir la conciencia, el verdadero
Yo. Me concentro para apartar el obstáculo del velo de mis pensamientos.
Estamos
bajo el dominio de nuestra mente ordinaria.
Es
nuestra esclavitud.
Mientras
mi mente me domine, creeré que soy mi pensamiento, que soy mi cuerpo, y no
podré conocer mi verdadera naturaleza.
Mientras
no haya conciencia estoy obligado a hacerme la pregunta “¿quién soy yo?”
En
el momento de la conciencia la pregunta no aparece.
La
conciencia está ahí pura y simple.
Necesito
cada vez más tranquilidad, más silencio.
Detrás
de las formas
continuas de mis pensamientos y de mis emociones, existe una energía muy fina, que
no está allí para ser proyectada hacia afuera y que me permite conocer lo que soy en mi esencia.
Es
dificil descubrir lo que es la vacuidad en la que esa energía viviente puede ser
experimentada.
Porque
hasta ese deseo de ser, que se traduce en mi por un deseo de conocer y que es
lo que hay de más puro en su origen, es traicionado por la forma que toma.
¿Puedo
confiar completamente, en lo que está en ese espacio vacío, en la experiencia de ese vacio?
¿O
es que me reservo el derecho de juzgar, de calcular, de permanecer como un
observador frío ante una energía en la que no me reconozco?
¿Cómo
ir hacia una mejor toma de conciencia de esa energía sutil, viendo en cada paso la trampa de
hacerla servir a un designio, delimitarla al darle un sentido ya conocido?
Todo
mi trabajo se vuelve una necesidad de penetrar más y más profundamente en una zona
desconocida de mí mismo.
Ahí,
todo me es
desconocido.
Mi
experiencia es nueva.
Y
ese desconocido tiene un sabor de mí más fuerte que todo lo que conozco, más real que todo lo que conozco.
Veo
que lo que conozco no me puede conducir a lo que soy realmente.
Por
primera vez, comprendo que es un movimiento hacia la fuente, hacia el origen.
Es
un movimiento de concentración hacia lo que es.
Es
mi primer movimiento consciente.
Estoy
sentado aquí. ¿Quien?... ¿Yo?
Quiero
responder.
Y
veo que no
puedo responder, nada en mi puede responder.
Solo
puedo escuchar.
Para
oír mejor, se hace un silencio..., un silencio, una tranquilidad.
Y
una vez que lo siento es como si todo mi ser quisiera entrar en ese silencio, quisiera
permitirle que se establezca.
Al
mismo tiempo, no soy yo quien puede imponer el silencio.
Está
aquí.
Ese
silencio está
en mí, ese silencio soy yo.
Es
como si una puerta se abriera y me permitiera sentir una vibración que los ruidos habituales
me impiden percibir.
Ya
no es «yo», como me conozco.
Siento
algo a lo que no sabía que estaba llamado.
Descubro
en mi otra dimensión que me pide una nueva manera de ser.
jeanne de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario