domingo, 27 de septiembre de 2015

EL VELO SOBRE MÍ REALIDAD

EL VELO SOBRE MIÍREALIDAD

La creencia en la idea de que soy mi cuerpo tiende un velo sobre mi realidad.

Me aferro a la forma y siempre tomo el objeto por su verdadera naturaleza, hipnotizado por la atracción hacia la materia.

Cuando se trabaja en estar en el momento mismo, uno siempre quiere recibir la sensación de una forma, tal vez nueva, pero, sin embargo, una forma.

Habitualmente la sensación de mi cuerpo, y de todo el funcionamiento relacionado con él, me impide tomar conciencia de lo que soy en mi verdadera naturaleza.

Un conocimiento más allá de mi imaginación habitual, un conocimiento nuevo, comienza a partir del momento en que la noción que tengo de mí ya no está arraigada en mi cuerpo.

Debo aceptar sinceramente que «yo» no soy mi cuerpo, mi mente o mis emociones.

Mi Yo real no es temporal.

Mis pensamientos, mis sensaciones, mis estados son continuamente cambiantes.

Pero siempre estoy allí.

Algo no cambia.

Son como fenómenos que aparecen sobre mí ser.

Estan en continuo movimiento.

Sin embargo, algo permanece inmóvil y no es afectado por el movimiento.

Mi Yo real se queda en silencio, inmerso en mi cuerpo.

Busca conocerse.

Y mientras más busca conocerse, menos participa del cuerpo en el que está inmerso y más participa de la conciencia.

La pregunta “Yo, ¿quien Yo?” suena entonces como un eco que viene de otro mundo a traves de mis centros superiores, para resonar sobre mis centros inferiores.

Ese eco es lo que puedo conocer hoy en día de otra naturaleza en mí.

Me hago esa pregunta y me concentro, pero no para conseguir la conciencia, el verdadero Yo. Me concentro para apartar el obstáculo del velo de mis pensamientos.

Estamos bajo el dominio de nuestra mente ordinaria.

Es nuestra esclavitud.

Mientras mi mente me domine, creeré que soy mi pensamiento, que soy mi cuerpo, y no podré conocer mi verdadera naturaleza.

Mientras no haya conciencia estoy obligado a hacerme la pregunta “¿quién soy yo?”

En el momento de la conciencia la pregunta no aparece.

La conciencia está ahí pura y simple.

Necesito cada vez más tranquilidad, más silencio.

Detrás de las formas continuas de mis pensamientos y de mis emociones, existe una energía muy fina, que no está allí para ser proyectada hacia afuera y que me permite conocer lo que soy en mi esencia.

Es dificil descubrir lo que es la vacuidad en la que esa energía viviente puede ser experimentada.

Porque hasta ese deseo de ser, que se traduce en mi por un deseo de conocer y que es lo que hay de más puro en su origen, es traicionado por la forma que toma.

¿Puedo confiar completamente, en lo que está en ese espacio vacío, en la experiencia de ese vacio?

¿O es que me reservo el derecho de juzgar, de calcular, de permanecer como un observador frío ante una energía en la que no me reconozco?

¿Cómo ir hacia una mejor toma de conciencia de esa energía sutil, viendo en cada paso la trampa de hacerla servir a un designio, delimitarla al darle un sentido ya conocido?

Todo mi trabajo se vuelve una necesidad de penetrar más y más profundamente en una zona desconocida de mí mismo.

Ahí, todo me es desconocido.

Mi experiencia es nueva.

Y ese desconocido tiene un sabor de mí más fuerte que todo lo que conozco, más real que todo lo que conozco.

Veo que lo que conozco no me puede conducir a lo que soy realmente.

Por primera vez, comprendo que es un movimiento hacia la fuente, hacia el origen.

Es un movimiento de concentración hacia lo que es.

Es mi primer movimiento consciente.

Estoy sentado aquí. ¿Quien?... ¿Yo?

Quiero responder.

Y veo que no puedo responder, nada en mi puede responder.

Solo puedo escuchar.

Para oír mejor, se hace un silencio..., un silencio, una tranquilidad.

Y una vez que lo siento es como si todo mi ser quisiera entrar en ese silencio, quisiera permitirle que se establezca.

Al mismo tiempo, no soy yo quien puede imponer el silencio.

Está aquí.

Ese silencio está en mí, ese silencio soy yo.

Es como si una puerta se abriera y me permitiera sentir una vibración que los ruidos habituales me impiden percibir.

Ya no es «yo», como me conozco.

Siento algo a lo que no sabía que estaba llamado.


Descubro en mi otra dimensión que me pide una nueva manera de ser.

jeanne de salzmann

No hay comentarios:

Publicar un comentario