domingo, 27 de septiembre de 2015

UNA ESCUELA DEL CUARTO CAMINO

UNA ESCUELA DEL CUARTO CAMINO

Una casa del Trabajo es como una escuela basada en los principios de un camino, de una enseñanza.

Está aquí por un tiempo limitado durante el cual ciertas metas necesitan ser alcanzadas.

Una casa desempeña su papel de acuerdo con el nivel de la gente que trabaja en ella.

Puede albergar a quienes tratan de darse cuenta de que no son como deberían ser, pero no hacen ningún esfuerzo por cambiar y no comprenden aún la necesidad del esfuerzo.

Otros están ya decepcionados de sí mismos, no creen en su yo ordinario y saben que su vida sólo cobrará sentido cuando sean capaces de hacer el esfuerzo preciso para despertar y para ver su situación.

Y puede haber casas donde algunos han llegado aún más lejos.

En cada momento el papel de la casa en el conjunto del Trabajo es diferente, dependiendo del nivel de la gente que participa.

Sin embargo, necesitamos comprender que el trabajo nunca irá muy lejos sin un centro organizado para aportar las condiciones necesarias, sin una vida sometida a los principios de la enseñanza que seguimos.

Una escuela requiere la comprensión de los principios de su trabajo y la disciplina basada en las reglas.

Tenemos que pagar por aquello que recibimos.

Esta casa es como un mundo dentro de otro mundo.

Busco conocer y ser lo que soy.

Para eso mi atención está siempre vuelta hacia mi mismo, hacia la percepción de mi verdadera naturaleza, que no es la expresión de mi persona, de mi ego.

Veo a mi ego expresándose en mis pensamientos, mis deseos, mis movimientos.

Y trato de no ser tomado por ellos.

Me mido constantemente.

Por esto, porque estoy siempre en tela de juicio, no juzgo a los otros.

Aprendo a ver, a comprender, sin juzgar.

No hay «yo» ni “tú”.

Sólo una única manifestación.

Aprendo a ver las leyes del mundo en el que vivo, las leyes de la manifestación.

Un principio inmutable de esta escuela es hacer siempre más de lo que ordinariamente podemos hacer.

Sólo esto conducirá a un cambio.

Si apenas hacemos lo que es posible, nos quedamos como estamos.

Hay que hacer lo imposible.

Esta es la diferencia con la vida ordinaria, en la que uno sólo hace lo que es posible.

Otro principio es que nosotros, intencionalmente, no nos apoyamos sobre una forma precisa dada por adelantado, de manera que pueda tener lugar una búsqueda activa y más consciente.

Nuestra meta es liberarnos a nosotros mismos de todo cuanto nos mantiene apegados a una actividad y desarrollar una especie de vigilancia que nos permitirá ir más allá.

Cuando surge una forma de trabajo, primero la recibimos y luego la repetimos como ha sido dada.

Pero en esta repetición tenemos cada vez una menor comprensión de los principios que están tras esa forma.

Para que una forma pueda permanecer viva, necesitamos volver siempre a la fuente, a la verdad.

Después del Absoluto, los mundos se vuelven hacia él en todos los niveles, hay una sed de retornar hacia eso que es más grande.

Pero, a medida que descendemos por la escala de la involución, surge el olvido y se hace cada vez más y más profundo.

Para quien transmite, dos cosas son necesarias, de forma que una verdad de otro nivel de conocimiento puede ser aportada a través de ideas: un saber y una calidad de ser.

Este saber consiste en un conocimiento de las ideas, de su estructura como un todo, de su relación y de su lugar.

Para el ser se trata de una comprensión fundada sobre la experiencia personal de la verdad contenida en estas ideas.

Primero necesito comprender el valor de la idea, abrirme a ella, tenerla en mi pensamiento, estimular mi pensamiento con ella y después las otras partes de mí mismo, hasta que viva en mí con una vida mucho más pura.

Habitualmente la dejo morir en mí.

La idea tiene un dinamismo extraordinario.

En su forma concentrada, contiene todo un potencial de verdad.

Puedo ser animado, despertado, dinamizado por ella o me aparece bajo la forma de una idea muerta.

Hemos recibido una gran cantidad de ideas, pero somos muy pobres en ideas.

Ellas han pasado a traves de nosotros sin estremecernos.

Este Trabajo es una escuela para desarrollar un nuevo centro de gravedad.

Hasta ahora, el centro de gravedad alrededor del cual nuestra vida ha girado —sea que lo aceptemos o no— ha sido nuestro yo ordinario, y todavía es ese yo el que espera, el que evalúa, el que juzga... y todo esto hasta se hace en el nombre del Trabajo.

Mientras toda mi psiquis gire en torno a ese yo, todo lo que se manifieste —sea que yo lo quiera o no— reflejará la autoridad de ese yo.


La meta de una escuela del Cuarto Camino es llegar a ser diferente, cambiar nuestro ser del nivel de hombre número 1, 2 y 3 al de hombre número 4, con un nuevo centro de gravedad, y del nivel de hombre número 4 al de número 5, con un Yo indivisible.

jeanne de salzmann

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