UNA CORRIENTE IMPERCEPTIBLE
Aprendo a distinguir dos corrientes de vibraciones.
La primera proviene de los pensamientos y de las
emociones y me retiene en un nivel inferior; la segunda es una corriente de
vibraciones sutiles que puede despertar y animar otras zonas de mi pensamiento y
de mi sentimiento.
No puedo alcanzar una nueva comprensión mientras no
experimente, por un período largo, la diferencia entre estas dos corrientes y su
influencia sobre mi ser.
Me he situado bajo la influencia de una u otra de
esas corrientes por la adhesión pasiva que doy a la primera o, por el
contrario, por la vigilancia consciente que pongo sobre la segunda.
A través de la respiración, a través de la apertura
voluntaria a una fuerza misteriosa, tomo conciencia de esa corriente
que me abre a posibilidades latentes en mí.
Participo en la vida a través de la respiración.
Me siento ser en ella; es mi manera de existir.
Pero no confío en ella.
No me permito respirar naturalmente.
Inspiro pero nunca espiro del todo.
Quiero intervenir sin aceptar ese movimiento de vida tal
como es.
Necesito observar si respiro con la parte alta, con el
pecho, o con la parte baja, desde el diafragma, y ver que es lo que
hay de falso cuando respiro.
Miro y me doy cuenta de que no dejo que mi respiración se haga
libremente.
La resisto o la fuerzo a ser más completa.
En ambos casos, intervengo.
E incluso si sé lo que es necesario y lo trato, nunca
logro del todo dejar que se haga.
Incluso, si creo simplemente asistir a la experiencia,
intervengo.
Es mi manera de asistir la que es falsa.
No puedo evitar que mi yo se crea más inteligente que la fuerza de
vida contenida en mi respiración.
No sé lo que soy cuando respiro.
No veo que el acto de respirar es siempre
modificado por las imagenes, las ideas, las emociones que provienen de
mi ego.
Debo aprender a dejar que mi respiración se haga,
aprender a que su ritmo no se modifique.
Participo de algo más grande.
Me hago cuerpo con esa experiencia que me transforma.
Alcanzo un estado donde mi yo habitual no interviene.
Nunca llegaré allí sin sentir más profundamente el centro de
gravedad en mi abdomen.
La respiración que percibo no es el soplo vital.
La corriente que trae el aire adentro y que lo lleva
afuera es el soplo vital.
Percibimos el aire pero no la corriente, que es
imperceptible.
Es una especie de magnetismo que pone el aire en acción
y que toca las partes más importantes de nuestro ser.
La inspiración y la espiración no se realizan en línea
recta.
Es como un círculo cuyos rayos tocan todas las partes del cuerpo.
Nosotros no vemos la acción, la irradiación del soplo
vital sobre el cuerpo.
En realidad, esa corriente pone al cuerpo en contacto con
todos los planos del ser.
Al llegar a sentir una unidad, experimentaré la
necesidad de respirar más conscientemente.
jeanne de salzmann
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