sábado, 26 de septiembre de 2015

UNA MEDIDA DE UNA PARTE SUPERIOR DE MÍ

UNA MEDIDA DE UNA PARTE SUPERIOR DE MÍ

Nuestros esfuerzos de trabajo en la vida se hacen sobre todo, para descubrir cuán lejos estamos de nuestras posibilidades más elevadas.

Nuestro conocimiento es el conocimiento de las diferencias, la diferencia de nuestros estados.

Hay una diferencia entre el estado al que podemos llegar en la tranquilidad y el estado que nos es habitual en la vida.

Nuestro estado en la vida es muy variable: no somos los mismos aquí y allá, ahora y dentro de una hora o hasta en cinco minutos.

Quizás podamos ver que somos diferentes, pero eso no tendrá ningún sentido si registramos la diferencia en un sólo nivel.

Hay que medirla en relación con algo que sea siempre igual, una visión interior que nunca cambie.

Con una parte superior medimos una parte inferior.

En el centro mismo de mi trabajo está el anhelo de vivir de una manera más real.

Pero en cuanto empiezo a trabajar, toda mi resistencia está allí y me hace mentir, me hace negar mi deseo.

Por lo común no tengo una sensación de mí y no tengo un sentimiento de mí.

Entonces lo que afirmo cuando digo yo, cuando pienso en yo, cuando me muevo, no es algo que reconozca como real.

Allí está mi mentira, afirmarme sin tener el sabor de lo real, el sabor de lo verdadero.

No puedo empezar este trabajo sin estar tomado por esa mentira.

Sin embargo, no puedo conservar a la vez la mentira y la verdad.

Para conocerme, para conocer lo que soy, tengo que ceder el puesto, hacer la ofrenda de mi mentira, entregarme a ese sentimiento de lo verdadero.

Mi lucha es un esfuerzo constante por estar libre de esa mentira y para reencontrar lo que es verdadero en el centro de mi trabajo.

Para eso necesito tener un punto de referencia, un cierto sentimiento en mí que siempre está allí, siempre igual: la comprensión de lo que es un ser consciente.

Cada vez que trabajo estoy en contacto con ese sentimiento. Siempre está allí.

Esa relación depende de la atención voluntaria.

Introduzco en mi vida algo que es lo contrario de la vida accidental, que corresponde a una vida consciente.

Allí está mi medida; no solamente mi medida del momento, sino la medida de mi capacidad.

Para regresar a mí mismo, debo despegarme de las palabras, de las imagenes, de las emociones, para volverme hacia la sensación de una energía más sutil, más alta.

Para recibirla tengo que estar presente a ella, con todos mis centros.

Estan disponibles para un acto de conciencia cuando estan relacionados.

Si puedo tenerlos en equilibrio, llegaré a sentir la presencia de una energía diferente, el contacto con una fuerza de otro nivel.

Pero sentir que pertenezco a otro mundo es sólo una parte de mi esfuerzo consciente para conocerme en la vida.

Allí sólo conozco un aspecto de mí mismo.

En un momento de trabajo, retiro una parte de la atención tomada en la identificación, y la relaciono con la realidad más íntima de mí mismo.

Mi atención cambia por el hecho de volverme hacia otras posibilidades.

Pero para estar presente, debo entonces regresar hacia la vida con esa atención transformada.

Conservo una parte centrada en mi realidad, la otra parte vuelta hacia la vida, con todos sus riesgos de identificación.

Hago un esfuerzo consciente por estar relacionado al mismo tiempo con fuerzas superiores y fuerzas inferiores.

Estoy en el medio, entre dos mundos.

Toda mi atención es movilizada, orientada en las dos direcciones a la vez.

Esa atención se vuelve activa para no dejarme llevar y no retirarme de la acción.


Veo las fluctuaciones de mi ser de un nivel a otro.

jeanne de salzmann

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