UNA MEDIDA DE UNA PARTE SUPERIOR DE MÍ
Nuestros esfuerzos de trabajo en la vida se hacen sobre
todo, para descubrir cuán lejos estamos de nuestras posibilidades más elevadas.
Nuestro conocimiento es el conocimiento de las
diferencias, la diferencia de nuestros estados.
Hay una diferencia entre el estado al que podemos llegar
en la tranquilidad y el estado que nos es habitual en la vida.
Nuestro estado en la vida es muy variable: no somos los
mismos aquí y allá, ahora y dentro de una hora o hasta en cinco minutos.
Quizás podamos ver que somos diferentes, pero eso no
tendrá ningún sentido si registramos la diferencia en un sólo nivel.
Hay que medirla en relación con algo que sea siempre
igual, una visión interior que nunca cambie.
Con una parte superior medimos una parte inferior.
En el centro mismo de mi trabajo está el anhelo de vivir
de una manera más real.
Pero en cuanto empiezo a trabajar, toda mi resistencia está allí
y me hace mentir, me hace negar mi deseo.
Por lo común no tengo una sensación de mí y no tengo un
sentimiento de mí.
Entonces lo que afirmo cuando digo yo, cuando pienso en
yo, cuando me muevo, no es algo que reconozca como real.
Allí está mi mentira, afirmarme sin tener el sabor de lo
real, el sabor de lo verdadero.
No puedo empezar este trabajo sin estar tomado por esa
mentira.
Sin embargo, no puedo conservar a la vez la mentira y la
verdad.
Para conocerme, para conocer lo que soy, tengo que ceder el
puesto, hacer la ofrenda de mi mentira, entregarme a ese sentimiento de
lo verdadero.
Mi lucha es un esfuerzo constante por estar libre de esa
mentira y para reencontrar lo que es verdadero en el centro de mi
trabajo.
Para eso necesito tener un punto de referencia, un cierto
sentimiento en mí que siempre está allí, siempre igual: la comprensión de lo
que es un ser consciente.
Cada vez que trabajo estoy en contacto con ese sentimiento.
Siempre está allí.
Esa relación depende de la atención voluntaria.
Introduzco en mi vida algo que es lo contrario de la vida
accidental,
que corresponde a una vida consciente.
Allí está mi medida; no solamente mi medida del
momento, sino la medida de mi capacidad.
Para regresar a mí mismo, debo despegarme de las
palabras, de las imagenes, de las emociones, para volverme hacia la
sensación de una energía más sutil, más alta.
Para recibirla tengo que estar presente a ella, con
todos mis centros.
Estan disponibles para un acto de conciencia cuando
estan relacionados.
Si puedo tenerlos en equilibrio, llegaré a sentir
la presencia de una energía diferente, el contacto con una fuerza de
otro nivel.
Pero sentir que pertenezco a otro mundo es sólo una parte
de mi esfuerzo consciente para conocerme en la vida.
Allí sólo conozco un aspecto de mí mismo.
En un momento de trabajo, retiro una parte de la atención
tomada en la identificación, y la relaciono con la realidad más
íntima de mí mismo.
Mi atención cambia por el hecho de volverme hacia otras
posibilidades.
Pero para estar presente, debo entonces regresar hacia la
vida con esa atención transformada.
Conservo una parte centrada en mi realidad, la
otra parte vuelta hacia la vida, con todos sus riesgos de identificación.
Hago un esfuerzo consciente por estar relacionado al mismo tiempo
con fuerzas superiores y fuerzas inferiores.
Estoy en el medio, entre dos mundos.
Toda mi atención es movilizada, orientada en las dos
direcciones a la vez.
Esa atención se vuelve activa para no dejarme
llevar y no retirarme de la acción.
Veo las fluctuaciones de mi ser de un nivel a otro.
jeanne de salzmann
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