EL CENTRO DE NUESTRAS FUERZAS VITALES
Despertar a mí mismo, a lo que yo soy, querría decir
encontrar el centro de gravedad de mis energías, y su fuente, la raíz de
mi ser.
Siempre olvido mi origen y por eso todas mis nociones están
distorsionadas.
La primera necesidad es ver que siempre pierdo contacto con
esa fuente.
Si mi necesidad esencial no es reconocer y amar esa
fuente por encima de todo, esto quiere decir que mi ego dirige mi vida y
mis fuerzas, aunque no me de cuenta de ello y todas mis relaciones,
cualesquiera que sean, y hasta eso que llamo mi trabajo, estan condicionados por
sus apetitos.
Un trabajo justo sobre sí mismo, según Gurdjieff,
comienza con la creación de un centro de gravedad permanente.
Esto caracteriza al ser que el llamaba hombre número 4,
el hombre que se despierta a sí mismo y se pregunta “¿Quién soy yo?”.
Ve que no sabe que existe, ni cómo existe.
Ve que está viviendo en un sueño y siente la necesidad de
conocer su propia realidad.
Comienza a separar las cosas en sí mismo: lo real de lo imaginario, lo
consciente de lo automático.
A diferencia de los hombres número 1, 2 o 3,
tiene cierto grado de lucidez, conoce su situación.
En él las fuerzas comienzan a tomar una dirección, la dirección
del centro de gravedad de la atención.
Para él, conocerse a sí mismo ha llegado a ser lo más importante,
el centro de gravedad de su pensar, de sus intereses; verse tal como
es.
Su centro de gravedad es una pregunta, una pregunta que no lo deja
dormir.
Para conocerse necesita recoger su atención hasta el
punto de poder dividirla entre una Presencia que trata de mantener, y una
manifestación en la que se pierde.
Esto requiere una vigilancia que sólo puede ser
mantenida si todos los centros trabajan con la misma intensidad.
Necesita tener la sensación, pensar y sentir a la vez,
sin que ninguno de sus centros predomine.
Si el equilibrio se rompe, el esfuerzo de toma de
conciencia se detiene.
El hombre número 4 es el que lucha por establecer un
vínculo entre su esencia y sus
funciones.
Nuestra meta es estar centrados; centrados al mismo
tiempo en el sentido de una concentración de nuestras energías y en el sentido
de encontrar el centro de nuestro ser, el centro de nuestras fuerzas vitales.
Primero tenemos que concentrar la energía y luego ver que
ese centro es necesario.
Desde allí, puedo mantener una relación justa con todas las partes de mí
mismo y seguir todos los movimientos sin perderme en ellos.
Una vez que esté centrado me será posible un contacto, un
contacto
constantemente renovado con la fuente de mi vida.
No tengo que hacer este
contacto.
Tengo que permitir que él me sea revelado, con una actitud
que nunca está segura de sí misma, y que siempre deja un espacio que
pueda ser ocupado por el ser interior.
Dejo un espacio cuando experimento el sentido de un
vacío, de ocupar otro espacio.
Para que haya un “individuo”, tiene que haber una
presencia a la fuente misma, al centro donde la fuerza aún no ha tornado
una dirección, donde ella carece de forma.
Si pudiera llegar a ese panto donde mi atención se
despierta antes de la movilización de mi energía, una nueva comprensión y un
nuevo poder podrían tal vez aparecer.
Hoy no puedo.
Mi atención ordinaria, pasiva, sólo percibe mi energía
cuando ella se desintegra, comprometida ya en una u otra reacción.
Pero ella ya está lejos de su fuente y no sirve de nada
luchar para no perderla.
Sin embargo, puedo comprender esta situación y aceptarla
como mi realidad actual.
jeanne de salzmann
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