MI ACTITUD
EXPRESA LO QUE SOY
Hay
en mí dos centros de gravedad diferentes entre los cuales oscilo.
Mi
yo ordinario, que siempre responde para defender su existencia, y otro centro
hecho de la sustancia real de lo que soy, que busca ver la luz en mí y
expresarse a través de mí.
Un
centro no puede existir sin el otro.
Se
necesitan mutuamente.
¿Cómo
establecer la relación
entre
los dos?
¿Qué
actitud de mi parte permitiría la aparición de una nueva unidad?
Necesito
un elemento de vigilia para ver que mi actitud es falsa.
El
yo se crispa sobre su centro, incluso para esperar que la conciencia aparezca.
Tendría
que confiar, realmente, confiar en el corazón de mi ser que me necesita.
Creo
confiar en él y en que no soy yo quien «puede hacer» algo por él.
Y,
sin embargo, la manera misma en que confío en él muestra un «hacer».
No
es que ese «yo» sea malo en sí mismo, sino que se desvía de lo que lo supera.
Necesito
verlo hasta que esto me produzca un choque.
Mi
manera como estoy en mi cuerpo es testimonio o de deformaciones o de una forma
interior que se desarrolla de una manera justa cuando no hay nada forzado.
El
conjunto de mi postura, la calidad de la tensión y del soltar, su relación y la respiración
que pasan por mí, expresan la autenticidad de lo que soy.
Es
algo que debo experimentar constantemente.
Para
esto, necesito vigilar.
Siempre
puedo sorprenderme
en el movimiento de concentración de mi energía, ya sea en mi cabeza o en mi
plexo solar, que rompe el equilibrio de la unidad en mí.
Me
siento ubicado de una manera falsa.
Es
una toma de
conciencia.
La
toma de conciencia de una actitud que no es justa.
Entonces
tengo que sentir muy fuertemente el movimiento hacia una actitud que sea justa,
que yo sea signado por ella, para querer enseguida aspirar a restablecerla, a
moverme alrededor de su eje.
Si
soy sensible
al centro de mi esencia, veré enseguida que el soltar se hace.
Se
hace al mismo tiempo que aparece una rectitud.
¿Existe
en mí el hecho, la realidad, de una confianza?
¿Puedo
estar sin intervenir?
Es
en mi actitud que expreso lo que soy, aquí, ahora, en este instante.
Mi
yo ordinario se expresa por una tensión constante en mi cuerpo, encima de la
cintura.
Una
forma que se impone sobre mí y en la que no puedo aparecer.
Sólo
veo mis actitudes falsas cuando hay un paro, un paro de los movimientos caóticos de mis pensamientos y de mis emociones.
En
ese paro aparece un silencio, un vacío de todos mis movimientos habituales, pero me siento vivo, aún
más vivo.
Consciente
de estar aquí, consciente de existir, plena, enteramente.
Esa
conciencia sobrepasa todo y contiene todo.
Mi
cuerpo participa de ello, pues sin él no sería posible.
Es
como un espejo que refleja la luz.
Veo
el mundo más allá de las formas y esa visión me permite conocer el mundo de mis
formas.
Siento
un elemento de querer ser, una conciencia, que me coloca en el corazón de estas dos realidades y les
permite desempeñar su papel.
Está
el sentido del Mi Mismo, del «Yo Soy» y el «yo» ordinario.
Ya
no se desvía ni teme ser aniquilado.
Sabe
por que está ahí. Encuentra su sentido.
jeanne de salzmann
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