NO SABER
Verme como soy exige una percepción de lo que es real,
una percepción directa en un estado libre de todo
condicionamiento.
Creo que busco.
Sin embargo, no veo que la misma búsqueda es paralizada por lo que la
motiva.
Busco una manera de no estar impedido por el condicionamiento
de mi pensamiento, de mi memoria, de lo que creo conocer.
Busco como sobrepasarla.
Trato, hago esfuerzos para trabajar, para estar
presente, pero en esto soy tomado: estoy tomado a todo lo largo de mi
esfuerzo de atención.
El primer pensamiento que me impide es «yo
trabajo».
Pero no veo quién trabaja.
No veo que lo mental es un obstáculo.
Pongo una palabra o una idea sobre lo que busco; proyecto
una imagen y parto de un sentimiento de carencia para ir hacia esa imagen.
Creo que es necesario saber lo que busco y de esa manera la
representación se vuelve más importante que la búsqueda.
Mi relación con la mente debe cambiar.
Debo ver su condicionamiento y perder toda ilusión acerca
de su capacidad de percibir directamente lo que está detrás de su funcionamiento.
La verdad no puede ser pensada.
No puede ser buscada por el pensamiento solo o por el deseo de
adquirir o de llegar a ser.
La verdad no llega a ser, sino que ¡es!.
Necesito ver que mi mente es retenida por la terquedad de una idea o el
apego a una forma.
En el mismo momento en que lo veo, ella se
libera de esa idea o de esa forma, y entonces
una percepción real puede darse.
Tener una percepción directa querría decir descubrir algo
enteramente nuevo, desconocido, algo que mi mente no aporta jamás.
¿Por qué mi mente ordinaria nunca descubre nada nuevo?
Soy prisionero de todas las impresiones depositadas en mí.
Estoy condicionado por lo almacenado en mi memoria,
el resultado grabado en mí de todas las influencias que me han tocado.
Es todo lo que tengo para responder en la vida.
Poco a poco, acepto inconscientemente ese estado de
condicionamiento, y la energía de mi mente se encuentra deteriorada por él.
Mi mente es impactada en su vitalidad y su fuerza.
Su funcionamiento se reduce a acumular más y más
información.
Puedo disciplinar mi mente, pulir mi saber, hasta puede
llegar a ser brillante.
Pero me quedo en la esfera de lo conocido.
¿Podría cesar esa manera de pensar y ceder su lugar a algo nuevo?
Necesito ser suficientemente libre para deshacerme de
todo y cuestionar sin esperar una respuesta.
Comprendo que no saber, deshacerme de todo, es la
más elevada forma de pensar, y que si viniera una respuesta, ella sería falsa.
Hay que quedarse sin responder y aprender a ver, ver sin
juzgar, sin pensamientos, sin palabras.
Ver es un acto extraordinario que exige una atención
desconocida.
Es el factor que libera, que aporta un espíritu nuevo,
un pensar nuevo.
La atención es la energía esencial del hombre.
Y esa energía solo puede aparecer cuando uno
constantemente se ocupa de ver, de escuchar, de preguntarse, nunca de
saber.
Debemos dar una atención total a la pregunta que nos ocupa.
La atención no será total si buscamos una respuesta.
La atención total es el proceso de meditación.
A través de la vigilancia y la meditación, la naturaleza
del pensamiento se me puede revelar, así como la forma en que el
actúa.
Si reconozco «yo no se» con todo mi ser, ya no cuento con la
memoria para encontrar una respuesta.
En ese momento, y sólo en ese momento, llego a ser
libre de mi condicionamiento, de la prisión de mi memoria, y puede haber allí
la percepción directa de lo que la supera.
jeanne de salzmann
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