domingo, 27 de septiembre de 2015

VIVO EN MI RESPIRACIÓN

VIVO EN MI RESPIRACIÓN

Cuando estoy muy en la superficie de mi mismo, no tengo ya libertad de acción sobre el soltar, sobre el relajar.

Cuando estoy muy profundamente en mi mismo, llega un momento en el que tampoco tengo libertad de acción sobre la tensión.

Sin embargo, hay un nivel en mí en el cual puedo ver las tensiones cuando se forman y responden una a la otra sin que esto me ciegue completamente, manteniendo la conciencia de lo que en mi interior no se deja tomar.

Esa experiencia está directamente relacionada con el centro de gravedad al cual debo retornar siempre.

Esas tensiones y distensiones son mis movimientos de respuesta a la vida y afectan mi respiración.

Cuando veo que ella nunca está libre, se plantea la pregunta de su significado y de su relación con mi pensamiento, mi sentimiento y mis deseos orgánicos.

Cuando trabajo sentado, mi vida interior se me revela como si emergiera de una nube.

Me siento entonces retenido por una cantidad de pequeñas tensiones muy tenues que me atrapan en una red.

En el momento mismo en que la siento, la red se suelta, las tensiones se relajan y tengo la impresión de tener un poco más de libertad.

Veo claramente que la posición de mi cuerpo permite o no permite que esa libertad aparezca.

Primero, la posición de mi pelvis o de mis piernas, que permiten que mi cuerpo esté derecho, que mi columna vertebral este derecha.

Las rodillas no deben estar más altas que las caderas.

Eso mantiene todo: el tronco, el abdomen y la cabeza.

Veo que ese sentimiento de Presencia interior depende de mis tensiones.

Si el plexo está demasiado estirado o demasiado comprimido, esa vida no aparecerá.

Como si la energía necesitara de un canal libre; y en ese canal, el menor obstáculo puede impedir que la corriente se establezca.

Cuando la energía aparece, me siento libre.

Siento que existo, con una existencia nueva, que antes no había conocido.

Y de repente, mi respiración se revela.

Sé que respiro.

Es el movimiento de la vida lo que siento en mí.

No me concentro en la respiración, no trato de relacionar el pensamiento con la respiración.

Tengo que volverme uno con el sentimiento de la respiración, tratando de sentir el soplo vital: aspirar y exhalar natural y espontáneamente, aceptándolo todo de manera que no haya ninguna lucha.

No retengo nada, me permito exhalar hasta el final.

Cuando logro dejar que la respiración se cumpla de manera más libre y más completa, siento que la energía llena mi abdomen y que ya no tiene la misma tendencia a subir continuamente.

Al respirar, veo que mis pensamientos aparecen y se dispersan.

Y veo que tras ellos hay una energía, la energía del pensar.

Los pensamientos no son el pensar.

En un relajamiento profundo, siento que la respiración es el proceso de vida de esa energía.

Esos elementos pueden nutrir esa presencia interior.

Siento que los recorridos son importantes, que ellos pueden relacionar la vida de un cerebro con otro.

Necesito primero establecer un contacto a través de la sensación para habituarme a sentir los trayectos sin esperar nada.

Cuando se manifiesta una sensación de existir, en ese momento, siento que mi respiración tiene una gran importancia, como si fuera ella el acto mismo de vivir.

Siento su movimiento como un movimiento vivo, un movimiento de la vida misma en la cual estoy incluido.

Existo en ese movimiento.

No lo observo desde afuera.

No me mantengo aparte de él y tampoco trato de fijarlo o de apropiármelo.

Sólo puedo sentir que soy parte de él.

Sin él no soy nada, y él nada puede sin mí.

Me relajo, no dirijo, no intervengo.

Al perderme, me encuentro.

Me someto a ese movimiento en el cual la forma se crea y es barrida tan pronto como es creada.


Vivo en mi respiración.

jeanne de salzmann

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