VIVO EN MI RESPIRACIÓN
Cuando estoy muy en la superficie de mi mismo, no tengo
ya libertad de acción sobre el soltar, sobre el relajar.
Cuando estoy muy profundamente en mi mismo, llega un
momento en el que tampoco tengo libertad de acción sobre la tensión.
Sin embargo, hay un nivel en mí en el cual puedo ver las
tensiones cuando se forman y responden una a la otra sin que esto me ciegue
completamente, manteniendo la conciencia de lo que en mi interior no se deja tomar.
Esa experiencia está directamente relacionada con el
centro de gravedad al cual debo retornar siempre.
Esas tensiones y distensiones son mis movimientos de respuesta a
la vida y afectan mi respiración.
Cuando veo que ella nunca está libre, se plantea la
pregunta de su significado y de su relación con mi pensamiento, mi sentimiento
y mis deseos orgánicos.
Cuando trabajo sentado, mi vida interior se me revela
como si emergiera de una nube.
Me siento entonces retenido por una cantidad de pequeñas
tensiones muy tenues que me atrapan en una red.
En el momento mismo en que la siento, la red se suelta, las
tensiones se relajan y tengo la impresión de tener un poco más de
libertad.
Veo claramente que la posición de mi cuerpo permite o no permite
que esa libertad aparezca.
Primero, la posición de mi pelvis o de mis piernas, que permiten que
mi cuerpo esté derecho, que mi columna vertebral este derecha.
Las rodillas no deben estar más altas que las caderas.
Eso mantiene todo: el tronco, el abdomen y la cabeza.
Veo que ese sentimiento de Presencia interior
depende de mis tensiones.
Si el plexo está demasiado estirado o demasiado
comprimido, esa vida no aparecerá.
Como si la energía necesitara de un canal libre; y en ese
canal, el menor obstáculo puede impedir que la corriente se
establezca.
Cuando la energía aparece, me siento libre.
Siento que existo, con una existencia nueva, que antes no
había conocido.
Y de repente, mi respiración se revela.
Sé que respiro.
Es el movimiento de la vida lo que siento en
mí.
No me concentro en la respiración, no trato de relacionar
el pensamiento con la respiración.
Tengo que volverme uno con el sentimiento de la
respiración, tratando de sentir el soplo vital: aspirar y exhalar natural
y espontáneamente, aceptándolo todo de manera que no haya ninguna
lucha.
No retengo nada, me permito exhalar hasta el final.
Cuando logro dejar que la respiración se cumpla de manera
más
libre y más completa, siento que la energía llena mi abdomen y que ya no tiene
la misma tendencia a subir continuamente.
Al respirar, veo que mis pensamientos aparecen y
se dispersan.
Y veo que tras ellos hay una energía, la energía del
pensar.
Los pensamientos no son el pensar.
En un relajamiento profundo, siento que la respiración es
el proceso de vida de esa energía.
Esos elementos pueden nutrir esa presencia interior.
Siento que los recorridos son importantes, que ellos pueden
relacionar la vida de un cerebro con otro.
Necesito primero establecer un contacto a través de la
sensación para habituarme a sentir los trayectos sin esperar nada.
Cuando se manifiesta una sensación de existir, en ese
momento, siento que mi respiración tiene una gran importancia, como si fuera ella el acto
mismo de vivir.
Siento su movimiento como un movimiento vivo, un
movimiento de la vida misma en la cual estoy incluido.
Existo en ese movimiento.
No lo observo desde afuera.
No me mantengo aparte de él y tampoco trato de fijarlo o de
apropiármelo.
Sólo puedo sentir que soy parte de él.
Sin él no soy nada, y él nada puede sin mí.
Me relajo, no dirijo, no intervengo.
Al perderme, me encuentro.
Me someto a ese movimiento en el cual la forma se crea y
es barrida tan pronto como es creada.
Vivo en mi respiración.
jeanne de salzmann
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