EXPERIMENTO, SIENTO Y VIGILO
Hoy
en dia, nuestro trabajo consiste en llegar a comprender mejor el estado de
recogimiento, ese estado en el cual estoy comprometido con un orden nuevo.
Cada
parte de mí tiene su lugar con el fin de mantener una unidad sin la cual no es posible ningún
conocimiento verdadero, ninguna acción consciente.
Para
llegar a comprender y tener la experiencia de lo que es ese estado de recogimiento,
busco comprender mi presencia en este cuerpo: eso que soy en este cuerpo.
Me
abro a una sensación, a una impresión que toca las corrientes nerviosas y llega hasta el cerebro.
De
ordinario,
cuando esto sucede, se despierta inmediatamente una sugestión o una asociación
con experiencias pasadas.
Todo
lo que está registrado
en mi memoria es puesto en movimiento y se mezcla con la conciencia de una
presencia sensible, oscureciendo y haciendo imposible el conocimiento de lo que es real.
Todas
nuestras sensaciones son deformadas por ese hecho, de manera que puedo ver que la sensación de lo real
dependerá de mi posibilidad de no estar totalmente invadido por esas
sugestiones y asociaciones, de estar más libre de ellas.
Para
lograrlo, su movimiento debe apaciguarse y hacerse más lento.
Esto
depende mucho del estado de mis músculos y de mi respiración.
Sobre
todo, debe haber una relación verdadera entre el cuerpo y la mente.
Primero,
necesito encontrar una posición del cuerpo en la cual ninguna presión, ninguna
tensión, perturbe la sensación pura.
Busco
una posición
justa sin presión en ninguna parte.
Las
articulaciones, los huesos, los músculos, y hasta la piel: todo está inmóvil, sin tensión, relajado y, sin embargo,
vivo.
Necesito
una gran atención para relajar y tranquilizar la piel.
La
sensación del cuerpo cambia.
Estoy
allí, inmóvil.
Tengo
la sensación de una realidad, pero eso me exige más.
De
otra forma, eso no será tan verdadero.
Experimento
mi propia existencia y la siento también.
Mi
sentimiento se despierta y esto exige inmediatamente la participación de mi mente.
Experimento,
siento y vigilo.
Y
veo que en ese estado, esta relación tiene que seguirse con atención, bajo la
amenaza de perderse inmediatamente.
Acepto
perderlo
demasiado facilmente.
¿Podría
haber allí una voluntad que no fuera el endurecimiento de una de mis funciones, sino la expresión de la voluntad de ser?
Experimento,
siento, vigilo.
Si
estoy suficientemente despierto, mi energía toda entera reunida, aparece una Presencia viviente que
conozco por esa sensación que tengo de ella.
Pero
la
naturaleza, la calidad de esa Presencia, la conozco también por un sentimiento que está
aquí.
Sin
él, esa calidad no se revelará, y puesto que está aquí el rayo de un pensamiento que lo aclara
todo, yo me despierto
al hecho de que «Yo Soy».
Estoy,
sin embargo, desconcertado por esa impresión.
No
me quedo
reunido.
Mi
atención fluctúa.
A
veces es mi sensación la que está activada, a veces el sentimiento, a veces el pensamiento.
Y
en esa activación,
ellos se salen del ritmo general, el tempo
general del ser.
Para
reencontrarlo, necesito tranquilizar esa inestabilidad y soltar natural y profundamente.
Aprendo
el sentido de ese relajamiento.
Cedo,
renuncio,
para el bien de un recogimiento.
Cuando
estoy relajado de manera suficientemente profunda y estoy suficientemente recogido en mí, veo que el estado
de mi cuerpo tiene una gran importancia sobre mi capacidad de atención.
La
regulación del tonus global, es
decir, del pensamiento, de la sensación y del sentimiento, cambia el tonus del espacio interior en el cual se realizan los movimientos interiores.
Una
vez que se ha establecido la estabilidad física, la energía desarrollada en el gasto automático se deja
captar.
El
pensamiento se fija entonces sobre un objetivo elegido.
Esto
influye en el ritmo de emisión de las ideas y asegura una especie de dominio sobre las asociaciones por
la posibilidad de verlas, de tener conciencia del flujo de pensamientos sin intervenir ni censurar.
Hay,
entonces, una corriente de pensamiento unificado.
jeanne de salzmann
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