MI PENSAMIENTO NO DIVAGA
Necesito
regresar todo el tiempo y profundizar en lo que Gurdjieff llamaba «el estado de
recogimiento» hasta que se vuelva indispensable para mí.
Es
un estado en el cual todos mis centros tratan de ponerse de acuerdo para conocer
ese ser que «yo soy».
Todos
los centros se interesan en la misma pregunta; se cuestionan, se acercan y se recogen.
Cuando
estan verdaderamente juntos, yo puedo «ser» y puedo hacer algo
conscientemente.
Sólo
cuando ellos estan juntos.
Cuando
estoy en mi estado ordinario, soy tomado por las asociaciones de lo último que ha
tocado mi amor propio: la vanidad o la envidia.
Esto
constituye mi pensamiento inconsciente.
Cuando
estoy en estado
de recogimiento, tengo otra calidad de pensamiento; mi pensamiento no divaga, no se
sale de mí.
Con
las asociaciones, divaga, pero cuando me recojo, se queda en mí.
Tampoco
mi sentimiento se proyecta.
Estoy
ocupado en sentir que «yo soy».
Cuando
estoy recogido,
mi pensamiento está consciente, pero sólo cuando estoy recogido.
Quiero
aprender a estar en un estado más recogido, pero no puedo, porque mi pensamiento, mi
sensación y mi sentimiento no estan armonizados en una misma acción.
Tengo
una sensación de mi cuerpo, pero mi sentimiento es indiferente a ella.
Pienso
en mí, pero mi cuerpo está ocupado en otra cosa.
Y
sin embargo, es eso lo que soy: un cuerpo, un pensamiento, un sentimiento.
Lo
sé, pero no puedo sentirlos al mismo tiempo.
Ellos
no tienen la misma intensidad ni están orientados en la misma dirección.
Me
siento dividido, inseguro.
Al
verlo, algunas tensiones caen y me encuentro menos en la superficie.
Mi
atención es más penetrante, va hacia las profundidades.
Yo
me relajo, no por el hecho de relajarme, sino porque mientras más suelto, más fuerte se
hace el movimiento de recogerme, de reunirme conmigo mismo.
Me
relajo, me suelto, para sentirme contenido en mí mismo.
Me
concentro en el punto donde mis pensamientos llegan y desparecen.
Miro
más allá.
No
trato de suprimir los pensamientos.
Veo
que son sombras, son fantasmas.
Los
dejo flotar.
No
tienen sustancia.
La
sustancia está en la fuente.
La
mente es capaz ahora de un verdadero silencio, de una tranquilidad.
Sin
esa tranquilidad de la mente, que, a partir de su propia actividad, ha visto
formarse un centro separado del resto que la limita, ella nunca será capaz de
conocer su propio movimiento.
Y
su movimiento es inmenso, desmesurado.
Nuestro
instrumento de búsqueda es nuestra mente, tanto así que ella no se deja sugestionar por las
respuestas ya hechas.
¿Puede
la mente estar en un estado de no saber?, ¿puede estar en un estado que sea verdad, simplemente un
hecho y no una afirmación?
Si
ella puede permanecer frente a eso, aceptarlo como una verdad, sentirse pobre en conocimiento, la mente
puede en realidad
estar en un estado de no saber que es la más alta forma de pensamiento.
Entonces,
la mente se vuelve aguda, profunda, clara, sin límites, y puede recibir algo nuevo.
Estoy
aquí, tranquilo, sin saber lo que soy, sin hacer esfuerzos repetidos por saberlo.
Veo
que el saber no puede ser atrapado.
Mi
mente se
ha vuelto tranquila, sin movimiento, relacionada con una sensación de esa tranquilidad y con
un sentimiento de ese estado de ser.
Es
una tranquilidad,
no un vacío.
En
ese estado de recogimiento, una realidad comienza a obrar en mí.
No
soy yo quien la conoce, sino ella la que se hace conocer.
Para
dejar que su acción obre, siento la necesidad de soltar y de relajarme naturalmente.
Todos
mis centros son más sensibles, más agudos, más penetrantes.
Hay
capas de mí mismo que nunca he penetrado.
Al
verlo, me hago libre.
jeanne de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario