LA SUSTANCIA DEL «YO»
Una
vez más reconozco esta sustancia, esta fuerza cristalizada en mí por todo lo que vivo de
éste trabajo.
La
siento; está detrás de todos mis movimientos, como una Presencia sutil.
Podría
hacerme participar en la vida de otra manera, aportarme un vínculo diferente con los demás seres.
Sin
embargo, a pesar de que la siento en mí, real, tocándome, no tengo respeto
por ella.
No
le doy nada de mí mismo.
La
deseo; pido su ayuda, pero no le doy lo que necesita para tener su propia vida en mí, su propia
forma.
Mi
centro de gravedad no ha cambiado.
Si
quiero encontrar en mí ese «querer ser», ese querer considerar esto como el sentido
mismo de mi vida, necesito ver a que sirvo..., no pensar, no creer, no desear, sino verlo instante tras
instante.
Para
eso, primero necesito establecer una relación entre mi cuerpo y esa sustancia, eso que
Gurdjieff llama la sustancia del «Yo».
Ella
esta dispersa
por el cuerpo.
Me
ejercito en recuperarla a través de la mente, para permitir que esa sustancia se disuelva por todo el
organismo.
Y
que
no se fije en ninguna parte.
Al
decir «Yo», es como si aspirara esa sustancia.
Luego
digo «mi mismo», repartiendo esa sustancia más
sutil de manera equitativa por todo el
organismo, para que un segundo cuerpo se pueda formar con los elementos más
sutiles.
Luego
de haber practicado
esto un cierto número de veces, experimento «Yo» en la parte alta de la cabeza,
una mirada desde arriba, para asegurarme de que todo se distribuye de manera equitativa.
Veo
entonces mi cuerpo como una pequeña cosa entre otras, como una gota en un vaso de agua.
Veo,
sobre todo que el «Yo» es en verdad la inteligencia, el amo de «mi mismo», y que éste
está contento de estar bajo su mirada.
Es
la riqueza más grande: tener dos cuerpos.
Ahora,
cuando he tomado conciencia de una sustancia fina en mí, en un movimiento de
aspiración y de repartición, me doy cuenta de que puedo, por mi actitud, permitirle que se ordene, que
se organice de acuerdo con los canales y los centros de gravedad que le son propios.
Me
vuelvo sensible a esa actitud y al ejercitarme en ello veo que efectivamente se crea una
relación muy estrecha entre mi cuerpo y esa sustancia.
Uno
puede sentir esa sustancia «Yo» cristalizada en el cuerpo.
Esa
sustancia es de otro orden.
En
ese momento, no tiene fuerza propia, es impotente, no tiene material.
Necesito
tener una conciencia más duradera de esto.
Más
tarde, ella controlará la manifestación.
El
trabajo tiene etapas diferentes.
Aquí,
en este punto, la formación de ese nuevo cuerpo, el cuerpo astral, es la base de nuestro trabajo.
Después
de que se haya formado, habrá otro.
jeanne de salzmann
jeanne de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario