EXPERIMENTO YO SOY
No se si ustedes ven que el problema que tenemos es el
del sentimiento.
Empezamos a ver la pobreza de cualquier emoción, sentimos
la
necesidad de un sentimiento más puro, más penetrante.
Pero no llegamos en nosotros a la profundidad
donde puede tener lugar una transformación.
No abandono mis ídolos.
Se despierta en mí un anhelo de ser
más completamente yo mismo, de abrirme a una parte muy alta de mí mismo donde habita una fuerza emocional que
conoce.
Necesito escucharla.
Para esto necesito alcanzar una profundidad de silencio
donde mi sentimiento ya no esté atado a mi egoísmo habitual.
Sólo en ese silencio esa fuerza es verdad.
Quiero estar presente, mantenerme presente.
Pero me siento impotente.
Siento que no puedo querer, no puedo ser.
No tengo un deseo fuerte, un querer fuerte.
Necesito ayuda, necesito una fuerza de otra calidad.
La ayuda me viene bajo la forma de un sentimiento más
activo, dotado de más convicción; un sentimiento que viene del centro emocional
superior.
Conozco en ese momento una nueva posibilidad en mi Presencia
que me sitúa diferentemente en relación con lo que me rodea y me da el sentido
de mi Presencia.
Pero no conozco esa ayuda y sólo recibo esa fuerza cuando
experimento la necesidad imperiosa de ella.
Ese llamado viene de la visión, cuando siento mi
impotencia tal como soy.
Entonces hay algo justo, algo verdadero en la conciencia que
tengo de mi situacion, y puedo desear la ayuda de esa fuerza, otra posibilidad de ser, y
querer someterme a esa ley.
Le doy un lugar en mí, atento a conformar la actitud de todas mis
partes para recibirla.
Mientras le de el primer lugar, puedo recibir su
ayuda.
Pero ese sentimiento de impotencia es demasiado esquivo.
De nuevo creo que puedo, tal como soy, y regreso a la
imaginación de mi yo, a mi ceguera.
¿Cómo comprender la experiencia del sentimiento?
Sabemos lo que es sentir algo, el contacto interior.
Experimentar, sentir profundamente, pide
otra calidad.
El sentimiento no tiene nada que ver con «amar» o «no
amar» y sin embargo se trata de la emoción.
Experimento la tristeza y la felicidad.
El sentimiento siempre se eleva; prende y se apaga.
Y experimento,
siento profundamente, «Yo soy».
El sentimiento puro no tiene objeto.
Sólo puedo comprenderlo si soy capaz de ver sin una idea,
de estar en contacto con «lo que es».
Empiezo a ver que el mundo en el que vivo es un mundo de ficción.
No es un mundo real.
La visión que tengo de mí mismo no es la
de mi propia realidad.
Me veo a través de mi mente ordinaria, perdido en la
imaginación que tengo de mí mismo.
Sólo por breves instantes toco algo real de mí mismo:
tengo el sentimiento de que yo soy.
El sentimiento que tengo de mí mismo me hace conocer mi
realidad.
En ese momento, y solamente en ese momento, sé que yo
soy.
Estoy en la fuente.
Tengo ahora una medida de mi realidad que es la realidad
en si misma, más que mi estado habitual con mi percepción ordinaria.
Esa realidad siempre está allí.
Necesita volverse el centro de atracción de mi sentimiento.
Gurdjieff dio el ejercicio «Yo soy» para trabajar sobre
el sentimiento.
En un estado de recogimiento experimento el sentimiento «yo».
Lo dirijo a mi brazo derecho: «yo»; despues tengo la
sensación en mi pierna derecha: «soy».
Despues, tengo un sentimiento, pierna derecha; sensación,
pierna izquierda; sentimiento, pierna izquierda; sensación, brazo
izquierdo; sentimiento, brazo izquierdo; sensación, brazo derecho.
Y cuando he hecho esto tres veces, cada vez con el sentimiento «yo»
y la sensacion «soy», siento todo el cuerpo: «yo», y siento todo el
cuerpo: «soy».
Experimento «yo» siempre como sentimiento; «soy»,
como sensación.
El sentimiento es una calidad más intensa de sensación.
Este ejercicio puede también ser practicado en canon
empezando por la pierna derecha, pierna izquierda y asi sucesivamente.
De la misma manera, «yo soy» puede ser remplazado por
«Señor..., ten piedad».
jeannde de salzmann
No hay comentarios:
Publicar un comentario