EL ACERCAMIENTO
La atención es la fuerza consciente, la fuerza de la
conciencia.
Es una fuerza divina.
La búsqueda es el contacto con una energía que viene de las
partes superiores de nuestros centros.
Algunas veces tenemos una intuición más o menos
fuerte de esto.
Esa intuición es la acción de los centros superiores
sobre nosotros, de los cuales nos separa el apego a nuestras funciones.
Cuando se experimenta dicha acción, ésta
afecta al cuerpo, que recibe entonces sensaciones más sutiles y más
estimulantes.
Afecta al pensamiento, que se vuelve capaz de mantener bajo
su mirada el presente, lo inmediato.
Afecta a la emoción, que experimenta un sentimiento
nuevo.
Pero esa acción, que viene de los centros superiores, no
debe ser esperada desde fuera, ni llevada a la fuerza por una
función cualquiera de los centros inferiores.
Para que mi cuerpo, mi pensamiento, mi psiquismo
puedan sentir esa acción y ser influenciados por ella, hace falta un
cierto estado de disponibilidad.
Aquí está el obstáculo.
Es necesario que la calidad de la energía de los centros
inferiores corresponda a las vibraciones de los centros superiores.
De otra forma la relación no se establece y los centros
inferiores no sirven para expresar la acción de los centros superiores en el plano de
la vida.
No sirven como intermediarios, no son llamados a servir.
En consecuencia, no tienen actividad consciente y
no sienten la necesidad de purificación.
¿Por qué no se produce esa relación con los centros
superiores?
¿Es tan dificil?
Es porque los centros inferiores no tienen relación entre
si, no tienen una meta común, un interés común.
No sienten la necesidad de un acercamiento.
Y eso porque uno no ve, uno no padece la experiencia
de su aislamiento y de lo que eso implica.
Pero para que haya una transformación es necesaria una atención
total; es decir, una atención que venga de todas mis partes.
Mi pensamiento, mi sentimiento y mi sensación deben estar
juntos.
En el principio, en el Absoluto, hay tres fuerzas y esas
tres fuerzas se acercan unas a otras y forman un todo para conocerse.
Permanecen unidas y nunca se separan.
Es en el acercamiento de esas fuerzas que algo nuevo puede
aparecer.
Sin embargo, a partir del Absoluto hay una proyección
que, sin unidad, crea movimientos mecánicos y divisiones.
En el hombre todo vive de una manera separada, aislada.
Uno existe como una máquina.
No obstante, uno tiene la posibilidad de existir unificado como
una Presencia.
Cuando un todo relativo puede ser sentido, es
posible decir: «Yo, yo soy».
Para mantener esa unidad hace falta un
movimiento sostenido y es ese movimiento el que pierdo todo el tiempo.
Las leyes del universo están ahí y actúan sobre nosotros.
La meta es que todas las fuerzas, que están dentro de nosotros
mismos, se vuelvan hacia un centro y formen de nuevo un todo.
Es el movimiento en el sentido ascendente que debemos
aprender.
Pero todo lo que está abajo nos retiene.
Todo debe ser purificado.
En ese acercamiento la energía adquiere una calidad
diferente.
La meta de ese acercamiento es ¡poder ser!
jeanne de salzmann
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