UNA CONDICIÓN ESPECIAL PARA EL INTERCAMBIO
Nuestros esfuerzos independientes, cada uno por su
cuenta, son insuficientes.
Un grupo es el comienzo de todo, un grupo de personas que buscan vivir
de una manera más consciente.
Un grupo puede lograr sostener mejor su esfuerzo.
Nos ayudamos unos a otros.
Algunos de nosotros somos más vigilantes, más responsables.
Pero el surgimiento de esta forma tiene que ser
reconocido, no impuesto, pues ella carecería entonces de sentido.
Sentimos la necesidad de congregarnos, de estar
presentes con los otros, para compartir una relación de atención reciproca
orientada a una misma meta.
Para sentar las bases de una relación consciente, cada miembro
debe conocerse y aceptarse a sí mismo.
Cada uno debe sentir la necesidad del grupo, de un mundo penetrado por
una cierta corriente de pensamientos y sentimientos.
Tiene que saber que él lo necesita y no olvidarlo.
Estamos hablando de un grupo que se forma para trabajar
sobre sí mismo, que no está en el nivel de la vida ordinaria.
Es animado por pensamientos y sentimientos
diferentes.
Su existencia tiene que ser marcada por
eventos que son esencialmente diferentes de los de la vida ordinaria.
El primer evento es la búsqueda activa y comprometida de
un centro de gravedad de vigilancia sobre uno mismo.
Una atención centrada puede ser llevada en
diferentes direcciones, pero como está entrenada, siempre regresa al centro.
Ella sabe que cuando se dispersa, no puede
aprender nada nuevo.
Ese es el hombre viejo, el autómata, que
pretende saber, que murmura palabras inútiles sobre ideas que supuestamente ha comprendido.
Aquel cuya atención está centrada, busca expresar
sólo lo esencial acerca de su búsqueda y sus observaciones.
Él es diferente, es un «hombre nuevo».
Un grupo existe para que podamos encontrar en nosotros
mismos un estado en el cual nos sea posible experimentar algo real.
Necesito de la fuerza superior que me llega a través del grupo.
Cuando estoy solo, con mis medios ordinarios, no
puedo acceder a la calidad de trabajo requerida ni alcanzar la
intensidad necesaria.
El grupo es una condición especial para el
intercambio y una especie de canal para las ideas que vienen de otra vida, de
las influencias superiores.
Pero tenemos que estar enteramente presentes, con toda nuestra
masa.
Recibimos estas ideas en la exacta medida en la que
estemos presentes.
¿Cuál es, entonces, nuestra responsabilidad?
Tenemos la obligación de intercambiar, asi como de
aceptarnos y ayudar a cada uno a desempeñar su papel individual en el
grupo, de manera que la conciencia, la medida de nuestra conciencia,
dirija todos nuestros actos.
Al tomar conciencia de nosotros como grupo, experimentamos la
verdad de nuestro trabajo.
Si yo hago lo que quiero a mi manera, independientemente
de los demás, sin sentir la necesidad de ser puesto a prueba, eso no es justo.
Eso muestra que soy incapaz de confrontarme a mí mismo y de
relacionarme con el trabajo de otros.
Quiere decir que nuestro trabajo se ha detenido.
Si el grupo no llega a ser consciente de sí mismo como
grupo, no puede conocer su lugar y sus obligaciones ni desempeñar su papel en
el Trabajo.
El grupo, el hecho de que estemos juntos, crea una
posibilidad para la conciencia, en la cual lo que iniciamos, lo que
damos en el encuentro, es más importante que lo que deseamos
conseguir.
Cada vez se renueva la posibilidad que tenemos de servir y de
volver nuestra atención hacia esa conciencia.
Esa posibilidad es algo grande, que debemos luchar
por mantener.
Tenemos que considerarla como algo precioso, sagrado.
No estoy solo en mi trabajo.
Cuando decido algo para mí mismo, tengo
que sentir mi pertenencia al grupo.
Su vida es más grande que la mía y esto representa algo
más en la escala de un Ser superior.
jeanne de salzmann
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