DÓNDE
ESTÁ NUESTRA ATENCIÓN
Quiero
estar consciente de mí.
Tal
como estoy en este momento, ¿puedo conocerme, tener conciencia de mí?... No puedo.
Estoy
demasiado
disperso.
No
siento nada.
Pero
veo que estoy dormido y veo los síntomas de ese sueño.
Me
he olvidado de mí, he olvidado el sentido de mi existencia.
Y
en ese momento, recibo un choque: siento que me despierto, que quiero despertarme.
Apenas
experimento el choque, me siento tomado de nuevo, retenido por los elementos de mi sueño: las asociaciones que dan
vueltas, las emociones que me toman, las sensaciones pasivas.
Siento
que vuelvo a caer en el olvido.
Uno
no se da cuenta de cuán pasivo es, siempre arrastrado por los acontecimientos, las
personas y las cosas.
Empezamos
un trabajo con mucho interés, conscientes de nuestra meta, pero al cabo de cierto
tiempo, el
impulso se debilita, vencido por la inercia.
La
comprensión disminuye y uno siente la necesidad de algo nuevo que restaure el entusiasmo, la vida.
De
esa manera, nuestro trabajo interior avanza por etapas y depende siempre de fuerzas
nuevas.
Esto
está determinado por una ley.
Hay
que desechar la idea de que el avance se realiza en forma continua y en línea recta.
Hay
etapas en las que la intensidad disminuye y, si uno no quiere recaer es necesaria la aparición
de una fuerza más activa.
EL
HOMBRE PASIVO………
El
hombre pasivo en nosotros, el único que conocemos, es el que recibe toda nuestra
confianza.
Pero,
mientras permanezcamos pasivos, nada nuevo ocurrirá.
Hay
que volverse activo en relación con nuestra
inercia, en relación con el trabajo pasivo de
nuestras funciones.
Si
queremos
cambiar, tenemos que buscar en nosotros al hombre nuevo, el que está escondido;
es decir, el del recuerdo, el que tiene una fuerza que sólo puede ser
dirigida por su voluntad y a quien hay que hacer crecer gradualmente, paso
a paso.
Uno
debe ver que es posible un estado más intenso, más activo.
Debo
reconocer que en mi estado habitual mi atención no está dividida.
Cuando
me abro a lo exterior, estoy naturalmente interesado.
Mi
atención va hacia allá.
No
puedo impedírmelo.
Si
mi fuerza de atención está completamente tomada, estoy perdido en la vida, identificado.
Toda
mi capacidad de estar presente se pierde.
Me
pierdo, pierdo
mi propio rastro, el sentimiento de mí mismo, mi existencia pierde su sentido.
Entonces,
el primer cambio requerido es una separación en la que mi atención se divide.
¿Cuál
es el comienzo del recuerdo de sí?
Nuestro
esfuerzo debe ser siempre claro: estar presente, que es el comienzo del recuerdo de
sí.
Cuando
la atención se divide, estoy presente en dos direcciones, tan presente como pueda.
Mi
atención se dirige
en dos direcciones opuestas y yo estoy en el medio.
Es
el acto del
recuerdo de si.
Quiero
mantener una parte de mi atención sobre la conciencia de pertenecer a un nivel superior y, bajo
esa influencia, trato de abrirme al mundo exterior.
Debo
hacer un esfuerzo para permanecer relacionado, un esfuerzo de atención.
Trato
de conocer realmente lo que soy.
Lucho
por seguir estando presente, a la vez con un sentimiento de mí que se vuelve hacia una calidad mejor y
con un sentimiento
ordinario ligado a mi persona.
Quiero
ver y no olvidar mi pertenencia a esos dos niveles.
Debemos
ver dónde está nuestra atención.
¿Dónde
está nuestra atención cuando nos recordamos de nosotros?
¿Dónde
está nuestra atención en la vida?
El
orden sólo puede nacer cuando entramos en contacto directo con el desorden.
No
estamos en el desorden; somos el estado de desorden.
Si
miro lo que soy realmente, veo el desorden.
Y
donde
hay un contacto directo, hay una acción inmediata.
Comienzo
a darme cuenta de que mi Presencia está donde esta mi atención.
jeanne de salzmann
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