LA OBSERVACION DE SÍ
Si quiero comprenderme, ante todo necesito una mente
capaz de observar sin alterar nada.
Eso requiere mi plena atención.
Y esa observación aparece cuando hay una necesidad real de
conocer, cuando la mente lo rechaza todo para observar.
Nunca me observo en acción.
Nunca me veo funcionar mecánicamente ni me doy cuenta de
que sea así como quiero funcionar.
Necesito convencerme de las desviaciones, de las
experiencias y del saber que me impiden observarme.
Esa clase de observación es el principio del conocimiento
de sí.
Quiero tratar de pensar, de sentir cada pensamiento o
cada emoción en mí, pero mi atención divaga por todas partes.
El pensamiento no se completa.
Las emociones no se acaban.
Oscilan de un objeto a otro como un esclavo,
empujadas a veces hacia allá y a veces hacia acá.
Si no puedo desacelerar el movimiento, no puedo descubrir el
sentido profundo de esos pensamientos o de esas emociones.
Es necesario que el movimiento se haga más lento.
¿Cómo hacer esto?
Esta desaceleración no puede ser impuesta.
Eso crearía conflictos.
Una imposición anula el esfuerzo.
Sin embargo, el hecho mismo de aparecer para ver desacelera la
reacción.
El movimiento de las emociones se hace más lento cuando la
atención se vacía de toda imagen, palabra o saber.
Un pequeño instante ocurre antes de que aparezca la reacción
bajo la forma de pensamiento o emoción, y entonces puedo verlos
aparecer.
Verlos de tal manera que conozca su realidad.
Como mi único interés es ver, no detengo los
hechos que se producen y su contenido profundo me es revelado.
Estoy delante de un hecho.
Por primera vez comprendo lo que es un hecho: algo que no puedo
cambiar, que no puedo evitar, algo que es!.
Aquí está lo real.
La verdad se vuelve todopoderosa para mí.
Un estado de atención es un estado en el cual todo saber
se ha detenido y sólo existe la búsqueda.
¿Cómo puedo conocer algo viviente?
Siguiéndolo.
Para conocer el Yo, debo seguirlo.
Gurdjieff muestra la necesidad de la observación de sí,
pero ésta práctica muchas veces ha sido mal comprendida.
De ordinario, cuando observo, hay un centro desde donde se
realiza la observación y mi mente proyecta la idea de observar.
Pero la idea no es la observación; ver no es una
idea, el acto de ver es una experiencia.
Yo no fijo mi mente sobre un objeto.
El objeto soy yo, viviente, un ser que necesita ser
reconocido para vivir.
No es un punto fijo que mira a otro.
Es un acto total, una experiencia que sólo se puede
realizar cuando no hay separación entre lo que ve y lo que es visto.
No hay un centro desde donde se hace la observación.
Hay un sentimiento de un tipo especial, un deseo de
conocer, un afecto que envuelve todo lo que veo y no deja de
interesarse por nada.
Necesito ver.
Cuando comienzo a ver, comienzo a amar lo que veo.
Estoy en contacto con lo que veo, intensamente,
completamente.
Ese conocimiento es el resultado de ésta nueva condición.
Despierto a lo que soy y toco la fuente del verdadero
amor, una cualidad del Ser.
La verdad de lo que soy sólo puede ser vista por una
inteligencia en mí, una energía fina que ve.
Debe haber una relación muy precisa entre el
pensamiento habitual y esa visión; una debe someterse a la otra; de otra
manera, uno es tomado por el material del pensamiento.
No puede haber ninguna contradicción, por pequeña que
sea, en mí mismo; de lo contrario, no puedo ver.
Una contradicción quiere decir, por un lado, la necesidad
de conocer lo que soy, y por otro, una cabeza que funciona sola, para ella misma;
una emoción que trabaja sola, para ella misma; y tensiones que me separan de una
sensación.
¿Voy a tratar de cambiar mi estado porque ayer tuve uno
mejor?; o bien, en esta oscuridad y porque lo siento, la necesidad de
claridad, de visión, ¿se hace sentir?
Si siento la necesidad de ver, un sentimiento que es completamente diferente, poco a poco
las tensiones disminuyen por si solas.
Me abro a esa energía sin buscar alcanzar resultados.
Debe haber una fuerza que el cuerpo perciba; de lo contrario,
él no se abrirá.
La energía se libera y aparece una realidad interior.
Ya no hay contradicción.
Yo veo..., solo veo.
Observarse sin conflicto es como seguir un torrente.
Con una mirada que se anticipa al agua que se precipita, ver el
movimiento de cada pequeña ola.
Uno no tiene tiempo de formular, de nombrar, de juzgar.
Ya no hay pensamiento.
Mi cerebro se vuelve muy tranquilo, muy sensible,
muy vivo, pero tranquilo.
Puede ver sin distorsión.
La observación silenciosa hace nacer la comprensión, pero
esa verdad debe ser vista.
El orden nace de la comprensión de lo que es el desorden.
Esa posibilidad de ser a la vez el caos y la presencia al
caos es el conocimiento de otro orden de cosas.
jeanne de salzmann
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